La ira

Te turba sin que medie palabra
como te trastorna sin tocarte,
errada penetra en la vida
como quien huye de la razón,
se abalanza sobre tus manos
y ciega tus ojos,
y quema tu garganta
y afila todos los cuchillos
que brotan en tu alma caduca.
Te arrastra a la marea de los perdidos,
sin objeto, sin tablas donde asirte,
y provoca la desazón, la quiebra
de las virtudes que nunca tuviste
y el refrendo de los demonios que te llevan.
Arrebata la sensatez de tu boca,
el sosiego de tus gestos
e impúdica violenta tus pasos,
hace firme en rocas despeñadas
en raíces desnudas y lavadas,
se nutre de flaquezas y errores.
Sorda, no puede escuchar lo que no se dice,
arrastra las tierras en las que ardes,
y deposita fango en tus voces,
confunde, atemoriza, desdeña
construye muros que asedian.
Ruge en ti, fiera y capaz,
solemne mientras te ciega,
sumisa cuando te vence
y orgullosa en su mentira,
viola tus palabras,
anuda tus gestos,
irrumpe en tus razones
y ahoga la sensatez,
te destempla en su genio
y te hunde en su cieno.
Incapaz yaces en la derrota
y no adviertes su presencia,
ya no respiras, airado,
ya no sientes, vencido,
eres presa, sin voluntad,
de la ira que te domina.

Anger is the wind which blows out the lamp of the mind. (Bodie Thoene)

El pasado

Oculto, oculto, oculto,
en tu jardín de umbría y frío,
escondido en tus raíces
y en tu perfecta incertidumbre.
Ignorado, no asoma ni clarea,
desvanece su frágil sombra,
secreto tras mil puertas,
disfrazado en cien rostros.
Tapado, a cubierto con razones,
velado por palabras y tiempos,
mira y mirando es furtivo,
a ratos pide, a ratos implora.
Oscuro, oscuro y quieto,
ignora que el sabio lo sabe,
desconoce los mil motivos,
la seriedad sin serenidad,
el gesto sin risas, triste.
Anónimo en el sueño ligero.
teme la vergüenza,
teme la burla, teme el murmullo.
Clandestino en tu alma yerma,
calcina los brotes nonatos,
enreda las raíces podridas
y busca un hálito de tierna
falta de cordura.
Mientras, tu boca lo negará,
tus ojos lo esconderán,
y tu alma, tu alma llorará.

The past can’t hurt you anymore, not unless you let it. (Alan Moore)

La brecha orgásmica

Antes que nada entendamos que significa la brecha orgásmica así que veamos las definiciones según la Real Academia de la Lengua Española.

  • Brecha: Rotura o abertura irregular, especialmente en una pared o muralla.
  • Orgasmo: Culminación del placer sexual

Por lo que se ve, para definir brecha los de la academia han necesitado 10 palabras, una coma, construir una pared (nada menos que en la edad media, que lo que son murallas hoy en día ya no se estilan) y más tarde contratar una cuadrilla de obreros para romper un cachito, eso sí, con forma irregular, no sea que se note mucho.

Lo del orgasmo ha sido mucho más sencillo: sexo – fin del sexo.
Un telegrama les ha bastado para explicar lo que nadie es capaz de hacer mínimamente bien, el sexo, para que luego no tengan que venir los albañiles a hacer paredes disfrazados de caballeros de la reconquista.

En fin, como no ha quedado muy claro te pones a buscar orgasmo en Internet y ahí sí que lo bordas, como ya no somos novatos le quitamos el filtro de niño bueno al Google y le dejamos que (pero por un día, eh, no vayáis a creer que esto lo hace uno día sí, día también, al menos no en años bisiestos que para eso hay más días), lo que decía, le dejamos a Google que nos enseñe cosas de sexo y aquí, nadie lo puede negar, la única brecha es la que tenemos los hombres entre el lóbulo occipital y el temporal (ya sólo el nombre es sexy, lóbulo, suena de lo más lascivo), perdón, a lo que íbamos, brecha en donde nos caben tetragigallones de bytes de vídeos sobre la perfección de las curvas en las mujeres y que precisamente desmienten categóricamente la mencionada brecha pues es imposible que con tanto
“ah, ah, uuh, sigue, sigue”
no estén ya en pleno orgasmo y en tan sólo 10 segundos, que es lo que han tardado en ponerse al lío, ríase usted de los preliminares, el tocamiento suave, las flores o las cenas a media luz.

Pero sigamos con lo de la brecha, que ahora toca disimular lo zoquete que es uno, la brecha se refiere a la diferencia (entiéndase en número que no en calidad, eso daría para otra disertación), diferencia de orgasmos que han ¿sufrido? las mujeres en la historia frente a los de los hombres, o sea que han ganado menos, como siempre y a pesar del interés que le ponen, no olvidemos que los hombres tampoco somos todos galanes de cine aunque nos sepamos de memoria los diálogos de garganta profunda y otras obras maestras del séptimo arte.
Así que ellas, históricamente, han tenido menos orgasmos lo cual es lógico: una encuesta entre las féminas relata que según ellas el acto sexual debe durar entre 7 y 13 minutos para que sea placentero, o sea orgásmico, sin contar lo que se tarda en encender las velitas, quitar el edredón y desatarse los zapatos (que no, que lo de dejárselos puestos por las prisas ya no se lleva), de modo que cronometrando lo que se tarda en decir:
Mmm, qué buena estás, ven aquí, ah, ah, aaaah.
Y para los más osados añadiremos un “Cuenca, ciudad turística” a mi me salen como un par de minutos los días buenos, con lo que al finalizar ¿ya?, el macho orgullosamente pregunta:
¿Te ha gustado, nena?
a lo que ella responde, totalmente convencida
Uuff, horrrooores, te lo juro, muy, muy intenso
y se queda pensando “A éste de pequeño le abrieron una brecha justo donde la empatía”.

Así que para reducir la brecha, la otra, que la de la cabeza es incurable, a ella no se le ocurre otra cosa que leer sobre sexualidad, que si posturas, que si tocamientos, que si la lengua, que si tu cuerpo es un abecedario, etc, etc. Y luego, luego va y decide llevarlo a la práctica, camisón de encaje, cenita pero muy ligera (os acordáis de que no somos galanes de cine?, pues ahí, a la altura del ombligo es donde más nos lo notan ellas), una miradita, todo perfecto, pero no contaba con que justo ese día, qué casualidad, había fútbol en la tele así que no le queda otra que reducir la brecha de un modo algo más drástico.
Amor mio, creo que me voy a la cama, me cambias las pilas del mando?
Claro, cariño. ¡Ostia, que mando más raro!.

Este principito

Este principito no tiene un elefante, ni tiene una serpiente, ni siquiera es príncipe, tan sólo se las da de majestuosa alcurnia capaz de dividir tu alma en dos como no te brote un poco de azulada sanguinidad en cuanto te corte las venas con una sonrisa.
Poco le importa la huella que tus elefantadas dejan a tu paso, si el viento mece tus orejas en frenético vaivén o si el veneno que restriegan tus palabras es fruto de la serpiente del sombrero, valiente elefante que repta entre dos mañanas.
Este principito no es quién, no, ni siquiera es él, pero viaja entre dos estrellas como quien suda dos camisetas y ninguna le pertenece, ausente entre el agua y el río que la lleva, desplaza su única verdad entre las curvas de la vida, y la mantiene, muy a su pesar, digna y lúcida pues reconoce en sí mismo al único que la conoce y le importa.
Es menor, no es que sea bajito o niño, simplemente es menor, como una estrella enana que no te llega a guiar pero acaba contigo en un solo batir de mariposas sin alas.
Y gira, sin destino, en su propio tranvía de tiovivos que acechan la muerte de las palomas en las mesas del café al ocaso de las palmeras. Y se refugia en las tazas sin poso como quien nada en las olas de playas sin mar, y se siente vivo, se siente bien y no necesita del aplauso de la noche para caminar, absorto en su viaje.
Revienta, principe menor, antes de que te lleve la osadía de la indiferencia que se amaga entre la absurda clientela de la oscuridad.
No es uno de esos principitos fabulosos de cuento, príncipes con sentido y moraleja, príncipes que te alegran el día o te hacen olvidar la fealdad de las costumbres humanas. Es de esos otros principitos sin sentido que moran en lo más hondo de las almas buscando una burbuja en la que permanecer mientras todos los amaneceres poéticos, las frases desgastadas, los parabienes y los desgraciados amantes olvidados pugnan por ocupar las parcelas de las frágiles vidas, esos principitos que merecen algo más que ser el artista revelación, que duelen sin amargura y festejan sin música, esos principitos que te pueden llevar a flote entre una lágrima y una carcajada, es de esos que nunca llegarán a reinar, ni les importa.
Alquílale una habitación a tu principito, en tu vida y de por vida, antes de volverte loco, o lo que es peor, volverte mayor y perder el sentido y la imaginación para dejar de ver tus propios elefantes y serpientes.

Los nudos

Cuando los nudos se anudan ya sabes que no va a ser para siempre, tienes la absoluta certeza de que con aquello, en nada que prosigas tu camino, vas a acabar con el lazo debajo del otro pie, con algo de suerte te darás cuenta, presentirás el problema y reharás el nudo, de lo contrario la leche no te la quita nadie y puede que duela, pero también aprendes, aunque solo sea a hacer nudos, lógicamente.
Y si el nudo lo estiras demasiado te empezará a apretar, un zapato apretado es un sufrimiento infernal, a cada paso te lo recuerda, no puedes caminar, ni siquiera cuando descansas te deja, eso, descansar. Ahí está el cuero apretado contra las carnes, estrujando el calcetín, de nada te sirve éste último, no es un buen amigo en esos momentos, lo único que consigue es que te roce aún más y de buen seguro acabarás con una llaga.
Así que mejor que no aprietes mucho, procura dejarlo templado pero tampoco suelto, el calzado con holgura no sólo no retiene en la marcha, das pasos en falso, tiemblas, si no que además es causa segura de callo, y ya sabes, te tocará mudar de piel en poco tiempo.
Además si te queda suelto, tendrás asegurada la compañía en casi todos tus trayectos, no habrá piedrecita que no desee estar contigo para flagelar tu andar y deleitarte con una pequeña punzada cuando menos te lo esperes, te toca deshacer el nudo y darle la vuelta al zapato, pobre de ti como no caiga en el intento, son persistentes.
El nudo, ya te digo, templado, sin apretar en demasía pero tampoco flojo, y cuando crees que lo has conseguido, entonces, te asalta una idea: el doble nudo. Genial, tendrás un zapato cómodo y un nudo que no se deshará, y ahí es donde pierde toda la gracia, te darás cuenta si tienes prisa, pues a veces en la vida te toca descalzarte raudo, sin contemplaciones, dejar los botines a un lado y andar desnudo; entonces maldecirás todas las ataduras, los nudos y el cordel que los parió.
Bien pensado, quizá no sea tan mala idea lo de calzarte unas zapatillas con velcro, y dejar los nudos para el que quiera tropezar, aunque sea en la misma piedra.

You don’t drown by falling into water. You only drown if you stay there. (Zig Ziglar)

Contando la noche

Una con una, y dos,
las que juntas, las que tienes,
la sola y la otra, dos no más,
dos cuentas y dos llevas.
Una, una y dos, tres,
tres me vienes a mi,
y te canto, ni me ves,
tres y te despierto,
me hueles, te siento,
tres, y te escucho,
te sueño, tres y yo,
como yo sin ti, en dos.
Y dos con dos, cuatro,
una y las tres, te toco,
mi cuerpo, cuatro en pies,
tres y una, suspiras y crees,
cuatro se unen, entrelazan.
Una con cuatro, ya llegas,
sumas y estás, dos y tres,
justo la que temes, cinco,
la fatal, estadística y ruedo,
dos y dos y una, ya acercas.
Como tres y tres, a pares,
seis te presentas, arrimas,
las cinco con una, respiras,
escuchas, el deseo y la miras,
seis las manos, los pies y las bocas,
cuatro y dos, piel y dedos.
Y una, dos y cinco, siete,
suena y te agota, soniquete,
siete te besa, te despereza,
seis y una, locura y prisa,
siete, corre que te deja.

A career is wonderful, but you can’t curl up with it on a cold night.
(Marilyn Monroe)

Si te escribo

Perdóname si te escribo,
esta tarde un verso,
perdóname si te cuento
un cuento en tu regazo,
perdóname si te miro
y te canto, y te hablo,
perdóname por querer
sentir los versos en ti.
Perdóname por no callar,
cuando aún no aprendí
el significado de hablar.
No me pidas que silencie
mi boca que te grita,
mi voz que te anhela,
no me pidas que pierda
razones que no esperas.
No me pidas que sea,
y no te encuentre,
perdóname por escribir
sin saber, por osadía,
perdóname que sienta,
ría, cante y no calle,
pero no me pidas
que no busque tu sonrisa.
Perdóname mi silencio
cuando miras y no sonríes,
perdóname si no te escribo
esta tarde un verso.

If I do not write to empty my mind, I go mad. (George Gordon Byron)

Incisivo

Caminaba pausadamente, el ritmo que la impulsaba era sensualmente invitador, un ligero balanceo de sus cabellos delataba la firmeza de sus pasos, los tacones guiaban sus piernas en magnífica procesión, el contorno de sus pantorrillas, evidenciando la belleza de la que se nutre la arquitectura clásica, se dibujaba perfecto en el baile de los pasos que la acercaban, milímetro a milímetro.
La mirada, penetrante, no vacilaba en tomar prisionero su objetivo, mientras éste se consumía en la inquietud y el anhelo.
Los cuerpos se acercaron, las pieles se sintieron y el calor que emana del deseo refrendó la cercanía de los mismos, ardiendo al tiempo que estallaba la intensa pasión que los consumía.
Sus manos, en la torpeza de la urgencia, tomaron e invadieron lo que los dedos se apresuraban a sentir, en las yemas que buscan el deleite de lo prohibido.
Dedos que al instante emergen entre las telas, descubren recovecos, pasadizos y senderos que explorar, se dejan llevar inquietas, y rozan, acarician, aprisionan, tocan y sienten, los cuerpos y su calor, la tibia atracción que envuelve a sus dueños y al paso disparan una y mil voluntades, erizan cabellos, estremecen músculos y olvidan temores.
Manos, unas que trepan osadas la espalda, retienen hombros, aproximan y descienden, en segundos se afianzan en los pechos que firmes aguardan el encanto de su cercanía. Las otras, livianas, se desenvuelven entre los glúteos tensos, la espalda, los músculos impacientes pilotando las ávidas manos, piel con piel, recorriéndose pulgada a pulgada.
Se respiran, jadeantes, los ojos buscando su reflejo, examinando sin ningún rubor el rostro que los cautiva; los oídos atentos a cualquier suspiro, a cualquier indicación de aceptación, deseando el permiso implícito en los gemidos, en la voz susurrante y queda.
Y los labios se hallan, primero en un roce, apenas sentido, reconociendo su presencia y la turbación de encontrarse al unísono; y tan pronto se convierten en bocas, bocas que reciben, bocas que agarran y lenguas que invaden y conquistan, sedientas de la posesión, cautivas del contacto y el deseo que las enardece.
No se separan, ni siquiera una mirada furtiva logra abrirse camino en las brasas que les consumen, ya las bocas no bastan, las lenguas se acobardan ante la pasión y no es posible frenar la zozobra que los invade, los dientes entran en escena y prenden en la carne, donde antes la fricción producía encarnados labios amantes ahora se yerguen flamantes dentelladas carmesíes.
Se sobresaltan, la una por la osadía de tomar cautivo a su amante con todas las fuerzas disponibles y el otro, más fogoso que asustado, por la imposibilidad de contestar a la invitación en aquellos instantes; la sala de espera de la terminal 4 no era el lugar más idóneo para un tórrido encuentro tras el largo viaje de vuelta de casa de sus padres por Navidad.

Travel makes one modest. You see what a tiny place you occupy in the world. (Gustave Flaubert)

No fue el frío

Enmudeció, pero no fue el frío,
ni el viento del norte,
ni el agua que caía a borbotones,
ni siquiera la falta de aire.
Enmudeció, y fue tan simple
que no alcanzaron a entenderlo,
era extraño, increíble,
nunca visto ni estudiado,
pero enmudeció.
No le quedaban palabras,
había acabado con todas,
las cortas, las esdrújulas,
las que tienen sentido
y las otras,
las que te hacen amar
y las que odias,
y por las que te odian,
las viles, las amables,
las lisonjeras y las auténticas,
las que te envuelven en murmullos
y las que murmuran solas,
las había dicho todas, todas,
y no oyeron ninguna,
eran palabras mudas,
y en su boca sintió el cansancio,
el sabor acre de la espera,
el retorno completo de su eco,
sin absorción, sin merma,
no eran escuchadas, mudas,
palabras aterradas, sin destino,
inútiles, nacidas para el desaliento,
y las dijo todas, demasiadas,
enmudeció, y no fue el frío.

Silence is safer than speech. (Epictetus)

Desapareces

Te revuelves, como palabra,
presientes, como vida,
y te ves, con mis ojos,
y eres eco en mis palabras
y risa en mi boca,
sabes que te escribo
cuando me pierdo sin verte,
sabes que te siento
cuando te sueño en mi,
y callas, como hablo sin ti,
con todas las palabras,
que nunca te encuentran.

Y en la voz en que estás,
la que me pides y me robas,
y no me esperes si te vas,
no me pidas que te crea,
lo que nunca me dijiste,
te revuelves en mi, callada,
y permaneces y ríes, y sueñas,
más allá de mí, sin ti,
y puede que mis palabras,
se pierdan entre nosotros,
y desapareces, sin mi,
con todas las palabras.

Time is the longest distance between two places. (Tennessee Williams)