Luna

La luna de la noche,
luna callada y fría,
me anochece
y me acuna, la luna,
tan oscura, tan oculta,
cara de luna, espejo
en la que me busco
sin apenas hallarme,
luna sin sonrisa
preñada de olvidos,
la luna no me mira,
me habla sin palabras,
voces perdidas,
no la siento, a la luna,
distante y blanca,
luna sin boca,
sus ojos me evitan,
luna pálida y quieta
me susurra sin voz
cuentos de luna rota.

Epifanía

Justo ese había sido su sitio durante tantas noches, noches en las que encomendaba su alma y su suerte al regusto amargo de una cerveza mal escanciada, al abrigo de las miradas inquietas que no comprenden que el páramo no es yermo mientras broten sueños y palabras, palabras silenciadas por el incansable borboteo de los ritmos, las voces y el ruido en que se aísla.
De vez en cuando una mirada, quizá no buscada si no simplemente hallada, mirada que se encuentra, penetrante, algo distante pero notoria, detrás de aquella mirada se siente cuestionado, incluso interrogado.
La furtividad de un instante en el que adormecer algún impulso, callado por no molestar, en el temor inconfundible de no ser objeto de más aspiraciones.
Halagado en una sonrisa, confuso en la persistencia y absorto en la duda, no le queda más que la osadía de pretender imaginar y en ello invierte interminables segundos, a propósito de lo que pudieran ser, en sus más que perfectos paraísos.
Triste tipo que finge vivir con la duda de las manos en la barra, no pide ni reclama, siente que sorbe, a borbotones la vida que le rehuye, marchitas las cuencas ensangrentadas del olvido, no respira por no hallarse, no alienta por no quebrar, ni escucha.
Permanece anclado a su frágil escaparate de existencia, mano con mano, nudo de dedos anudados que deshace mientras bebe, a tragos la vida.
Le impulsa la absoluta indiferencia de la cotidianidad, el desencanto de los días que se marchitan en su lento peregrinar por las biografías de su alma y cuerpo, tan distantes y desconocidas entre sí.
Sabe y reconoce que no es un mero propósito vital, que se consume en la espera solitaria del deseo inconcluso, pero no por ello se abandona a la terrible desidia de no rebelarse a la costumbre y solicita, requiere, demanda, la atención de su propia honestidad para entablar la huida en cuanto su suerte despierte, malditas noches en vela sin difuntos que honrar.
Y celebra el amanecer, epifanía de su propia descreencia, cuando la luz arremete en sus cansadas pupilas en busca de un hálito de esperanza, rechazando verter tiempos descuidados en las sombras que ya le abandonan, en pos de nuevas y fantásticas sensaciones con las que construir destinos desconocidos.

Alma gritona

Me ocupé en andar buscándome
mientras a ratos te evadía,
me entretuve en quererme
lejos de tu alma en blanco y negro
sin atreverme a escribir en tu piel
las historias que me perdía,
fichas perdidas de la memoria
que ahora me arrancan el deseo
y abotonan mi camisa de fragilidad.

Me calla el sonido sin eco de tus notas
y me evito, en el descuido de tus ojos
para silenciar gestos traidores
en los que descubrir sentido y pasión.

Me empeño en rasgar mi alma
encendida y ausente, gritona,
en el recuerdo de tus formas,
vaciando mis manos de ti.

Estuve al amparo de mis miedos
mientras me refugiaba en tus encajes,
obstinado en descubrir la vida
sin contar los pasos ni apagar la luz.

Me agota verme sin espejos,
hallar rostros sin reflejo en mi cama
mientras olvido tus manos,
y cuando palpito me desangro
entre la porcelana fina de mi ombligo
y el vidrio roto de tu sonrisa.
Confusion is an often too subtle sign of paranoia. (Anne Austin)

La mar

Fuertes, agua y vientos,
los que te colman,
rompes, mojada me invades,
espumada, nunca sola,
a cientos, blanca azulada.
En un retazo de mi piel, me salas,
harto de agua y sol, vencido,
me dejo pincelar y calar.
En crestas te presentas, brava,
me perviertes, repetida,
acunas mi tembloroso cuerpo
y te ocultas a mi mirada,
presta a reincidir y azotarme.
Me arrastras en tus senos
y exultante me derrotas,
me rebelo por conocerte
y navegar contigo cada ola,
cada gota en la que vives,
amarrarme a tus devaneos,
sumergirme en tus abismos
y yacer contigo,
perfecta y húmeda,
en la cadencia de tus ondas,
en las formas de tu materia
imposible de domar,
en la fluidez de tu vientre
impregnando mi pasión.
Amante imperfecta y cruel
me desdeñas mientras me atraes
a tu sincera profundidad.

Escalera

Un día subí a lo alto,
casi sin querer,
casi sin poder,
y vi todo lo que había,
había árboles y ríos,
había basura y peste,
había casas y gente,
había ruido y fuego,
había niños y había sueños,
sueños de niños ausentes
y estaba la luna, cerca y grande,
la luna me miraba,
como miran los niños,
como miran los ausentes,
y en la luna lo vi,
sin querer verlo,
vi el éxito, vi el poder,
vi el odio y vi la miseria,
la miseria de los que no ven,
ni a los niños, ni a la gente,
ni a los árboles, ni a la luna
y al amanecer se esfumó
la luna, y mi sueño,
pero seguían mirándome,
desde lo alto de la escalera.

In the little world in which children have their existence, whosoever brings them up, there is nothing so finely perceived and so finely felt, as injustice. (Charles Dickens)

Amanece

El día rompe al alba,
no adivino dónde estás,
la luz invade la mar
y en su espejo se repeina,
extraño olvido tu mirada,
caracolillos de la mañana
que las olas encrespan,
cegado en tus manos quiebro,
las nubes revolotean
acariciando la montaña,
y rehuyo tus presencias
penachos húmedos y grises
la coronan lisonjeros,
temerosos del amanecer,
pierdo mis ansias, finitas,
el terral desvela su alma
resbaladiza en la ladera,
y borro verdades infinitas
regueros de rocío la acunan
absortos en la claridad,
me conmueve la osadía
de la nueva vida, plena,
a la que somete la alborada,
en la que penetra mi canto,
ojos que en la condena
oscura de la noche exploran,
ahora cegados por la vela
de la aurora germinada
se afirman en la ilusión
rompiendo la madrugada.

You Are Not the Same as Yesterday You Were. (Behnam Rajabpoor)

Encalada

A veces simplemente le das,
no es tu pelota, la encuentras,
una pelotita casi deshinchada,
no rueda, es una pelota vieja,
cansada, una pelota cuadrada,
y aún así le das, el pie, le das,
no es que quieras lanzarla,
no te importa donde va,
no por perderla de vista,
no molesta, no es tu camino,
le das, fuerte, sin razón,
cogiendo impulso, al aire,
la pelota vuela, frenética,
viaja los viajes que tú no,
con las alas plegadas,
la pelota transita, imposible
entre tu pasión y el tejado,
la pelota te olvida, desairada
entre las tejas, con vistas,
elevada, encalada,
no es tu pelota, no,
le diste, la encalaste,
la cambiaste,
tú sigues igual.
Encalar sólo se puede en Valencia, los demás enganchan, guinsan, botan, encajan, colan, embarcan.

Chiflado

Acaricié las nubes con mis uñas,
rasgué algodones blancos,
pensando que eran cielos grises
no llegué a ver los amaneceres
en mis manos mojadas,
los días que nunca llovían
me empeñé en sacar las botas
para no encharcar mis pies.
Sin apenas una gota caída,
sin apenas una risa escondida,
me revuelvo en las mañanas
que ahora pasan plomizas
buscando aguaceros perdidos.
Equivoqué todas las palomas,
y los nortes y las camas,
equivoqué todas las tardes
y el regazo en que dormía.
Por no encontrar olas perdí mares
y confundí meandros con islas,
donde perderme, escondido,
a vueltas de las tormentas perdidas
a gritos de las lluvias infinitas
donde no me alcanza la vida,
que perdí sin entender
mientras pasaba de largo
al atardecer de tu sonrisa,
en el olvido de tu boca,
en la fiesta de tus brazos,
mientras me pasaba la vida
incauto y perdido, chiflado,
soñando con la felicidad.
Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama. (Rafael Alberti)

Jetlag

Es un rapatap, rapatap,
rapatapatap, rapatapatap,
me llama el tap, rapatap,
lleno de clap, chap, map,
dentro de un cuac, buac,
mientras le doy un muac,
rataclac, al sol, smac,
la luna me mira, clap,
clap, en su rataplap,
la luna me esquiva,
es un tic, clic, pataclac,
el sol se enfada, chac,
y me llama, crack,
mientras la luna, glup,
sonríe, cataplam, plam,
y me deja, chis, cachis,
roto, pluf, maramiau.

Es posible

En el momento en que reflexionas y miras al suelo y sientes que esas baldosas se acercan a ti y te atrapan, en ese momento en que los ojos apenas pueden distinguir las difusas líneas que las separan, entonces comienzas a pervertir los momentos en que te abandona la razón para sumergirte de lleno en cascadas donde niegas hasta la existencia. No eres tú, pero ni siquiera lo sabes, no eres más que una amalgama de sin sentidos y provocaciones de la vida, ésta te rodea lisonjera mientras intentas arremeter con el resto de lo que aún crees que dominas, o sea nada.
El absoluto y desesperado idólatra de ti mismo, en realidad un completo desconocido que intenta aprovechar tus ratos de lucidez para convencerte de lo contrario, un simpático haragán que gimotea en una esquina cuando no puede hacerse cargo de ti ni de tus fantasías, te acuna perverso cual infante tembloroso, y te arroja al asfalto, ojo a las curvas que vienen mal dadas.
Te pesa el juicio, y te pesa la balanza misma en que escudas la fragilidad de tu propio juicio, para no admitir lo infundado de tus certezas ni lo caótico de tus dudas, esperas que la sentencia te exima incluso de cumplir la mínima y sabes bien que sin arrepentimiento no encontrarás tu consustancial perdón, pero aspiras a disimular los barrotes de tu encierro mientras sobrevives a las maledicencias de tu decoro.
Invierte la fragilidad de tu pena y sumérgete en el arrebato consciente de colmar la vida sin desdeñarla ni asumir pérdidas, ofrécete incauto a la terrible necesidad de romper, rasgar y despedazar la sutil experiencia de amanecer vivo, un día más.
Es posible que halles los sinsabores de las ocasiones menos fructíferas, quizá ocultas entre los ramajes de la frondosidad en que tú mismo te pertrechas, es posible.
Es posible que descubras la liviana separación entre los sueños y las quimeras, inalcanzables éstas pero no menos perseguidas, de todo punto sobrevaloradas, es posible.
Es posible incluso que te percates del apenas perceptible rumor de la maquinaria que a tu lado, y contigo, va devorando los segundos, todos, sin misericordia, es posible.
Todo es posible, así que vete al carajo y busca un horizonte de playas infinitas donde bañarte mientras amanece.
Your choice between sunrise or sunset depends on your attitude. (Ibn Jeem)