Manos

Cada vez me resulta más difícil
entenderme y que me entiendas
que me escuches y escucharte.
Estás lejos y ausente, yo también
y sin embargo te siento
aquí mismo, conmigo.
Como yo a tu lado si me ves
y olvido que es tu olvido
el que no me perdona
y es tu risa la que no me acerca.
A ti, en ti, para verte
sabes que el sentido me abandona,
que la prisa puede perderme
y me aleja, me ausenta.
Mientras estoy a tu lado
y no te respiro, otra vez.
Tan fácil comprender,
tan difícil hablar, mostrar,
una huella de mi mismo,
un principio que no te confunda
y forjar una respuesta, tuya.
La única, la que espero,
mientras te olvido, y me olvidas
en los ratos en que estás
y en los que te vas, sola
mientras siento el frío
de tu mirada que no alcanzo
y de tus manos, que aún sueño.
Tan fácil comprender,
tan difícil hablar, y olvidar.

No es perfecta más se acerca a lo que yo simplemente soñé.  (P. Milanés)

Pecados

Absorta, sola y perdida,
tabaco, cerveza y el olvido,
no más.
La rodea, la arrulla y ni lo siente
totalmente inmersa en su infinita
falta de razón y sentido.
Camina, se evade lejos,
sin dirección, ida y vuelta.
Calienta la espuma con sus manos
recordando quizá una noche,
con menos pasado y más deseo,
muerde los labios, no duelen,
ya no, pero aún la siente cerca
y le quema el sabor.
Entreabre la mirada,
temerosa de ver y que la vean.
Le basta con estar, sin ser,
pero sabe que puede volver
en cuanto se disipe la niebla
y ahuyente a los falsos demonios,
los vapores y los pecados,
los que ha cometido
y no se perdona,
los que le han infligido
y ya ha perdonado.
No hay meta, algún obstáculo,
sus piernas flaquean
pero no hay contrincantes
y no tiene prisa,
solo debe seguir para avanzar,
recordar quien fue
y no volver a estar, pero ser.

Agenbite of Inwit: Your inner wits bite you, again.

Eco

Te alborotas por una nimiedad,
te estremeces y te giras
por tonos y atontado,
perseguido en tu desazón
y te ausentas de nuevo.
Te resignas al silencio,
al deseo inconcluso,
a la evocación de una palabra.
Es tu propia voz la que recita
y te sorprendes escuchandote.
No percibes el eco, aún lejano
y perdido en la respuesta,
quizá olvidado, siempre relegado,
y amontonas fugaces querencias
que no te definen pero acompañan,
se muestran vivas, interesadas
y estoicamente admiradoras,
sabes que no te resuelven y
en su efímera compañía
sientes el transcurso,
la corriente que te empuja
en busca de un mar que
no retenga las palabras.
Alardeas de conocer almas
y sentimientos, pero no reconoces
la esencia que los envuelve,
sus escollos, las rendijas
por las que transpira el aliento
y la absoluta temeridad
de suponer la misma certeza
a los caminos que se enfrentan,
a las vidas que se sienten
y no se encuentran,
creando vacíos y muros
donde reflejar el eco
que sigues sin poder escuchar.

But my words, like silent raindrops fell
And echoed in the wells, of silence  (Paul Simon)

Maybe

Maybe.
Not a true knowledge of being,
not a hope on going to be,
not being to be, undeniable.
Ask me to try it harder,
to have a brilliant chance,
again, on my own, raised up.
May be,
getting a fair assessment,
your true and still unknown ubiquity,
being and sharing time,
our time.
Maybe.
Sometimes I really miss you,
and you fathom how much,
no doubt.
It’s not a feeling, it’s a fact,
a believable moment in my live
when I notice you are not near,
and I simply miss you.
Nothing more,
no intention to get attention,
a smile, yours,
just an evidence
of the fallacious lives we are living.
I can understand it’s not easy,
to many lives to live,
and I’m not living them but
maybe I can aspire to be,
sometime, maybe.

Llamadas

Reniego de entender,
reniego de conocer
y a veces reniego de escuchar.
Me alcanza la fatiga,
como una sombra,
pegada a mí, insistente.
Vocifera a mi alrededor,
clama por espacios que no le pertenecen,
usurpa la tranquilidad de una vida
y pretende,
reclama atenciones imposibles.
Irrumpe en mí,
en mi ansiada soledad
y crea mundos a su antojo,
sin apenas convicción, falsos,
vueltos del revés,
donde mi norte se pierde,
no hay trópicos ni firmamento,
tan solo rencor,
y desesperanza.
Me reprocha imposibles,
me desalienta verdades
y me esconde placeres,
rutinarios pero ciertos
y no olvidados,
a veces queridos.
Reniego de escuchar.

Cielos

Cerca, irremediablemente lejos,
unos instantes, duraderos,
y una espera, infinita inquietud.
Sin voces, sin letras, con ausencia,
cansancio, viento y cielos, cubiertos,
echando, sin certeza, sin prisa.
A cubierto pero sin acogerte,
sin sentirte, la textura de una piel
oscura y falsa, abrigada
e imperfectamente fría.
Echando, sin temor, de menos
y de más, los cielos y las pieles,
los suspiros, los pasos y las risas.
Ocultos entre símbolos, leído,
recibido, enviado, ¿sentido?
Algo siempre se pierde,
lo dejas atrás y olvidado,
pero no por ello es menos tuyo.
Unas frases, correctas,
sin arriesgar.
Te enfrentas
a lo que conoces y no deseas,
huyes de lo que deseas
y no conoces,
y te dejas la piel en ello,
la no falsa, la tuya, y esperas
que la suya no te olvide.
La incógnita y confortable
cobardía de la razón
que no deseas admitir.

Tocamientos

Fue una noche algo fría, música conocida, estribillos fáciles y unas cervezas, un buen momento para estar allí.
No era perfecta, no un bellezón pero atractiva, cuerpo bien resuelto y la mirada limpia, sin cautivar pero amable. Además bailaba, mecía sus caderas y estaba justo ahí, a tu lado.
La música llevó a las risas, las risas a las palabras y las palabras a la conversación, un ratito. Ahora vuelvo. Y no volvió, te quedaste con la duda, si tu estupidez era real y permanente o simplemente un traspiés, preguntaste y ganaste el beneficio de la duda, eras amable, más educado que el resto pero hoy no era el día, estaba con amigas.
Y las noches pasan, se siguen en continua procesión, a veces un saludo y alguna mirada, curiosidad atractiva.
El atractivo se convierte en simpatía, la simpatía en curiosidad y la curiosidad en indiferencia.
De nuevo aquí, cerca, un cómo te va, dos besos y distancia. Ella con sus copas, más sofisticadas y tú con tus rubias malteadas. La música suena de nuevo.
Ella con sus copas, otras, muchas. Y un desconocido, no hubo saludos, ni miradas, sólo cercanía. Quizá demasiada, la que él se tomó.
Justo cuando su cercanía se convierte en roce, y el roce en manos más allá de la espalda, apretando. Varias veces.
La indiferencia se torna ira, calculas la medida, el grosor de la madera en la barra y te asaltan impulsos desconocidos.
Las amigas permanecen ausentes, no importa, te extrañas y sabes que esto no puede acabar bien.
Pero la ira se torna estupor, ella le llama, le invita a seguir.
Y tú has perdido una pelea que ni siquiera habías comenzado, el golpe es brutal y te deja inconsciente, incrédulo, abres la boca pues te falta el aire.
Por favor, cuando puedas me pones otra cerveza, una irlandesa de esas bien servida, con su tiempo, sus doce milímetros de espuma recuerdo de un atlántico rompiendo en los acantilados, esos a los que acabas de caer.

Entender: Tener idea clara de las cosas.

Espejos y noches

Unas palabras a veces bastan, sobran para arramblar con tu esencia, sentirte flotando, a la altura prescrita en los manuales, en la intrínseca genialidad del instante.
Espejo roto de la criada irlandesa, alejada de nosotros y a veces tan cerca, su nefasta desgracia, la mala suerte, desdicha.
Quebrada la única esperanza antigua pero cierta la nueva, la imperfecta, laboriosa vuelta, el regreso, al simple y oculto montón de perdurables humanidades.
Rod Stewart amenizando la noche, gran interpretación.
Y la camiseta naranja le sienta tan bien, indiscutible, cierto, objetivo.
Por lo demás otra más, y no está de más, de momento.
Gentes tan distintas, inciertas, algunas radiantes, simplemente absortas en su propia vida.
Había un parecido, un aire pero no más, pasó, lejos y ausente, como yo ahora, impertérrito, firme, o no tanto. Quizá a unos pasos, pero pocos.
Abordas la no presencia, la exacta dimensión de ti mismo sin recabar en la solitaria magnitud de tu huella, no sola, no abandonada, con tu sombra, pero sabes que incluso ésta a veces te esquiva, cómo no.
A ratitos un rostro interesante, distinto de la multitud, destaca entre el griterío.
Otros relatas que la carne es débil, demasiado, e incluso imperfecta, que el alma humana no tiene el sentido que tú esperas y que sucumbe a caricias incorrectas, desdichadas, como el espejo roto de las criadas. Y tus opiniones, tu absoluta creencia en lo que es y debe ser, lo que a momentos da sentido a tu conducta cae, cae profundamente, se desmorona y te deja bordeando el colapso y pidiendo la última, sabiendo que esa camiseta naranja te salvará a cambio de una sonrisa.
No way, the blonde still seems to be apart, far away.

Quisiera entenderlas, pero no puedo.

Inciertos

Absolutamente ausente, evadido,
un poco más allá de tu comprensión,
y de ti mismo, lejos, traspasado
y a veces, resueltamente ido.
¿No habría forma de recuperar,
retomar, alcanzar si fuera posible
algún grado de entereza?
Mundana y presente, para devolverte
por un instante al sendero,
entre hierbas y arenas, seco
y caliente, buscando algo
imperfecto en tu propio olvido
donde esconder, callar y perdonar
tus propias indecisiones,
la futilidad de un gesto amable
que te permita hallar
algo de sosiego entre tanto ruido,
que te inmunize.
Extrañas el silencio de las verdades,
las pocas notas reales
en las que refugiarte día tras día
y volver, estrofa renacida,
placer incógnito, tenue
y terrible, pero cordial e inherente.
Donde reconocerte, otra vez
y sin complejos, andar entre
tus propios pasos sin muletas,
erguirte y caminar, otros tropiezos,
otros rumbos, puede que inciertos
pero tuyos sin duda, no prestados.
Y no, no te conformes con menos,
solo tienes que seguir andando.

A los gurús, influencers y su circo ambulante.

Not me but you

Not me, I’m lost at your fingers,
and won’t be back on my own in a lot of time.
Spitting my own dreams, my desires,
but may be I can get upstairs,
and climb your silent words.
Not me, but I can hear your voice,
imperfect, only a whisper,
filling some of my emotions,
my great and hidden fears,
too many to share and too few to admit.
Not me, but I’m still here,
may be lost, may be beaten,
but never defeated,
I’ll won’t surrender.
Walking, slow, no pause.
Not me, but I’ll never regret
the most impersonal distance
among us, how should I clear
a frontier, a fortified fence.
Not me, but may be you,
you’ll revoke some illusions,
in my deepest craziest nights,
following immune bites,
cleaned minds and wet smiles.
You’ll be there, not me.

Diving deep