Llamadas

Reniego de entender,
reniego de conocer
y a veces reniego de escuchar.
Me alcanza la fatiga,
como una sombra,
pegada a mí, insistente.
Vocifera a mi alrededor,
clama por espacios que no le pertenecen,
usurpa la tranquilidad de una vida
y pretende,
reclama atenciones imposibles.
Irrumpe en mí,
en mi ansiada soledad
y crea mundos a su antojo,
sin apenas convicción, falsos,
vueltos del revés,
donde mi norte se pierde,
no hay trópicos ni firmamento,
tan solo rencor,
y desesperanza.
Me reprocha imposibles,
me desalienta verdades
y me esconde placeres,
rutinarios pero ciertos
y no olvidados,
a veces queridos.
Reniego de escuchar.

Cielos

Cerca, irremediablemente lejos,
unos instantes, duraderos,
y una espera, infinita inquietud.
Sin voces, sin letras, con ausencia,
cansancio, viento y cielos, cubiertos,
echando, sin certeza, sin prisa.
A cubierto pero sin acogerte,
sin sentirte, la textura de una piel
oscura y falsa, abrigada
e imperfectamente fría.
Echando, sin temor, de menos
y de más, los cielos y las pieles,
los suspiros, los pasos y las risas.
Ocultos entre símbolos, leído,
recibido, enviado, ¿sentido?
Algo siempre se pierde,
lo dejas atrás y olvidado,
pero no por ello es menos tuyo.
Unas frases, correctas,
sin arriesgar.
Te enfrentas
a lo que conoces y no deseas,
huyes de lo que deseas
y no conoces,
y te dejas la piel en ello,
la no falsa, la tuya, y esperas
que la suya no te olvide.
La incógnita y confortable
cobardía de la razón
que no deseas admitir.

Tocamientos

Fue una noche algo fría, música conocida, estribillos fáciles y unas cervezas, un buen momento para estar allí.
No era perfecta, no un bellezón pero atractiva, cuerpo bien resuelto y la mirada limpia, sin cautivar pero amable. Además bailaba, mecía sus caderas y estaba justo ahí, a tu lado.
La música llevó a las risas, las risas a las palabras y las palabras a la conversación, un ratito. Ahora vuelvo. Y no volvió, te quedaste con la duda, si tu estupidez era real y permanente o simplemente un traspiés, preguntaste y ganaste el beneficio de la duda, eras amable, más educado que el resto pero hoy no era el día, estaba con amigas.
Y las noches pasan, se siguen en continua procesión, a veces un saludo y alguna mirada, curiosidad atractiva.
El atractivo se convierte en simpatía, la simpatía en curiosidad y la curiosidad en indiferencia.
De nuevo aquí, cerca, un cómo te va, dos besos y distancia. Ella con sus copas, más sofisticadas y tú con tus rubias malteadas. La música suena de nuevo.
Ella con sus copas, otras, muchas. Y un desconocido, no hubo saludos, ni miradas, sólo cercanía. Quizá demasiada, la que él se tomó.
Justo cuando su cercanía se convierte en roce, y el roce en manos más allá de la espalda, apretando. Varias veces.
La indiferencia se torna ira, calculas la medida, el grosor de la madera en la barra y te asaltan impulsos desconocidos.
Las amigas permanecen ausentes, no importa, te extrañas y sabes que esto no puede acabar bien.
Pero la ira se torna estupor, ella le llama, le invita a seguir.
Y tú has perdido una pelea que ni siquiera habías comenzado, el golpe es brutal y te deja inconsciente, incrédulo, abres la boca pues te falta el aire.
Por favor, cuando puedas me pones otra cerveza, una irlandesa de esas bien servida, con su tiempo, sus doce milímetros de espuma recuerdo de un atlántico rompiendo en los acantilados, esos a los que acabas de caer.

Entender: Tener idea clara de las cosas.

Espejos y noches

Unas palabras a veces bastan, sobran para arramblar con tu esencia, sentirte flotando, a la altura prescrita en los manuales, en la intrínseca genialidad del instante.
Espejo roto de la criada irlandesa, alejada de nosotros y a veces tan cerca, su nefasta desgracia, la mala suerte, desdicha.
Quebrada la única esperanza antigua pero cierta la nueva, la imperfecta, laboriosa vuelta, el regreso, al simple y oculto montón de perdurables humanidades.
Rod Stewart amenizando la noche, gran interpretación.
Y la camiseta naranja le sienta tan bien, indiscutible, cierto, objetivo.
Por lo demás otra más, y no está de más, de momento.
Gentes tan distintas, inciertas, algunas radiantes, simplemente absortas en su propia vida.
Había un parecido, un aire pero no más, pasó, lejos y ausente, como yo ahora, impertérrito, firme, o no tanto. Quizá a unos pasos, pero pocos.
Abordas la no presencia, la exacta dimensión de ti mismo sin recabar en la solitaria magnitud de tu huella, no sola, no abandonada, con tu sombra, pero sabes que incluso ésta a veces te esquiva, cómo no.
A ratitos un rostro interesante, distinto de la multitud, destaca entre el griterío.
Otros relatas que la carne es débil, demasiado, e incluso imperfecta, que el alma humana no tiene el sentido que tú esperas y que sucumbe a caricias incorrectas, desdichadas, como el espejo roto de las criadas. Y tus opiniones, tu absoluta creencia en lo que es y debe ser, lo que a momentos da sentido a tu conducta cae, cae profundamente, se desmorona y te deja bordeando el colapso y pidiendo la última, sabiendo que esa camiseta naranja te salvará a cambio de una sonrisa.
No way, the blonde still seems to be apart, far away.

Quisiera entenderlas, pero no puedo.

Inciertos

Absolutamente ausente, evadido,
un poco más allá de tu comprensión,
y de ti mismo, lejos, traspasado
y a veces, resueltamente ido.
¿No habría forma de recuperar,
retomar, alcanzar si fuera posible
algún grado de entereza?
Mundana y presente, para devolverte
por un instante al sendero,
entre hierbas y arenas, seco
y caliente, buscando algo
imperfecto en tu propio olvido
donde esconder, callar y perdonar
tus propias indecisiones,
la futilidad de un gesto amable
que te permita hallar
algo de sosiego entre tanto ruido,
que te inmunize.
Extrañas el silencio de las verdades,
las pocas notas reales
en las que refugiarte día tras día
y volver, estrofa renacida,
placer incógnito, tenue
y terrible, pero cordial e inherente.
Donde reconocerte, otra vez
y sin complejos, andar entre
tus propios pasos sin muletas,
erguirte y caminar, otros tropiezos,
otros rumbos, puede que inciertos
pero tuyos sin duda, no prestados.
Y no, no te conformes con menos,
solo tienes que seguir andando.

A los gurús, influencers y su circo ambulante.

Not me but you

Not me, I’m lost at your fingers,
and won’t be back on my own in a lot of time.
Spitting my own dreams, my desires,
but may be I can get upstairs,
and climb your silent words.
Not me, but I can hear your voice,
imperfect, only a whisper,
filling some of my emotions,
my great and hidden fears,
too many to share and too few to admit.
Not me, but I’m still here,
may be lost, may be beaten,
but never defeated,
I’ll won’t surrender.
Walking, slow, no pause.
Not me, but I’ll never regret
the most impersonal distance
among us, how should I clear
a frontier, a fortified fence.
Not me, but may be you,
you’ll revoke some illusions,
in my deepest craziest nights,
following immune bites,
cleaned minds and wet smiles.
You’ll be there, not me.

Diving deep

Pelea

A veces te sobreviene,
es un impulso difícil de acallar,
llevas tiempo acumulando,
recibiendo lluvia sin poder asumir
que no tienes sed.
Una sensación extraña,
falta suelo debajo de ti,
las pisadas son demasiado blandas,
los pies se hunden,
dejas marcas allá por donde pasas
y ni siquiera recuerdas esas botas,
pero te lastran.
Mientras buscas el final del fango
intentas que no te salpique
y aun así acabas calado.
No los ves venir y recibes,
por todas, por casi todas partes,
no cuentas con la pericia necesaria,
ni la paciencia para sortearlos,
si te pilla de cara esquivas alguno
pero el resto hacen mella.
Esa maldita percepción,
algo que no estás haciendo bien,
lo reconoces y te preocupa pero no sabes,
o no puedes cambiarlo, impotente,
por un instante abandonas el ring,
es fugaz, apenas un momento
pero suficiente, a veces demasiado.
Quizá solo sea porque es lunes.


A la paciencia, la que vas dejando por el camino.

Whatsapp

Sabes que me es imposible,
que no acierto a decirlo como esperas,
que probablemente esté equivocado
aunque insista en dudar.
Me atormentan los mensajes,
la respuesta, o la falta de respuesta,
un guiño, una risa, eres tú de verdad?
Intento leer entre líneas, adivinar,
evocar finales de frase, y no puedo.
Este juego no se me da bien,
demasiadas fichas, y pocos dados
para que nunca salga un seis.
Espero que sobrevenga una respuesta,
que al otro lado, mi deseo,
ese pálpito por el que vivo
y recojo bocanadas de inquietud
se muestre no ya receptivo si no
infatigable, alardeando de prosa
breve e ilustrada, emotiva,
acorralando la tinta en limitados
y corregidos mensajes,
quizá incompletos, quizá compactos,
pero puntuales, sin dilatar la experiencia,
con la inmediatez que el medio otorga
y yo fervientemente ruego.
La impaciencia me sobresalta,
el anhelo de conocer, conocerte,
se amontona entre mis dedos,
pretendo nuevas palabras
y solo obtengo aún más dudas.
Busco fechas, confirmaciones,
me pierdo entre símbolos, colores,
cuando tan solo quiero letras,
unas frases, gastadas o simples
pero tuyas.
A destiempo o inmediatas,
me basta con que lleguen.
Si te llegan las mías.

Seamos

I got myself, feeling good.
Me sorprendí a mí mismo sintiendo,
palideciendo porque volviera,
rugiendo por sus caricias,
su sonrisa, la vi alejarse, y me estremecí.
Quise recuperar un instante,
el que fuera, incluido un regocijo compartido,
pasé por su lado, y disimulé,
maldita mi estampa.
Cuánto quise decir, quise gritar,
quise robar un segundo de su mirada, de nuevo.
Me pidió que la mirara, no podía, cómo,
esos ojos profundos, me taladran,
agotan mi sombra,
lo poco que expongo de mi a cada paso,
y vuelvo a desear, vuelvo a sentir,
tan cerca que ni respiro.
Si alguien te mira dos veces quiere decir que siente,
Si te mira tres que palpita,
Si te mira cuatro, que pierdes
y luego solo te queda soñar con su presencia.
Up where we belong
Déjame palpitar un poquito tu presencia,
déjame soñar un poquito tu aquiescencia,
déjame sentir un poco que todo es posible.
Tú, yo.
Up where we belong
O quizá no, por qué pertenecer,
por qué deber,
tú eres, yo soy,
seamos.

Odiame, pero mañana.

El hilo

Temes que se pueda romper, es un hilo muy fino.
Pero es un hilo que tú tejes,
con telares que no te son propios,
agujas que no te dormirán pero pinchan
y a veces duelen.
No se te da bien, eres profano,
un lego en la materia, creas enredos,
diferencias, tan irregulares como tu propia vida,
quisieras que fueran amarras,
cadenas incluso, pero no eres capaz de tejer
más que madejas, revoltillos de lanas,
sirven como nido para tus locuras
pero no logran afirmarte a la roca,
resbalas y te vienes abajo,
sin embargo no huyes, no temes la caída,
tan sólo temes que rompa.
Mientras puedas cogerte a un asidero
y mantener el cordaje sobrevivirás,
te dejarás las manos en el intento,
desolladas pero vivas,
podrás seguir con tu viaje a la cumbre,
descubrirás nudos, poleas
y algún truco de explorador, caduco pero fiable,
cualquier cosa con tal de mantener el hilo,
tenso quizá, pero resistente.
Un hilo muy fino,
la diferencia entre su ausencia y su presencia.