Otro mar

También es un mar
pero no ruge ni se calma
es un mar que ahoga
sin olas sin agua
un mar insensato

Hold faithfulness and sincerity as first principles (Confucius)

175msnm

Uno a uno, los ciento setenta y cinco,
un solo santo y todos los demonios
ladera abajo parece que volaran,
nacen de la luz, mueren en la roca,
no hay final, azul oscuro de piedras,
se dejan la piel, el pulso y la razón
abandonados a su suerte, caídos,
en cada paso un ángel, un sueño.
Desde la ermita, ay, Catalina,
ya no los ves, ya no me ves,
los ciento setenta y cinco
ya no te guardan los destellos,
ya no te miran los silencios,
uno a uno te pierden, veloces,
gracias infernales se fugan,
dejan su sombra, sus noches,
lejos de tu capilla y tu cobijo,
se adentran limpios en el aire
que les lleva, les surca, apurados
a la piedra inerte, pie de santo,
donde el fanal nunca alumbra
donde las vigilias son eternas,
ciento setenta y cinco almas
entre la mar y tus demonios.

Un par un,
les cent soixante-quinze,
un seul saint et tous les démons
descendant la pente
on dirait qu’ils volent,
naissent de la lumière,
meurent dans la roche,

il n’y a pas de fin,
bleu foncé des pierres,
ils laissent leur peau,
le pouls et la raison
abandonnés à leur sort,
tombés,
à chaque pas un ange,
un rêve.

cent soixante-quinze âmes
entre la mer et tes démons.

Depuis l’ermitage,
ah, Catalina,
tu ne les vois plus,
tu ne me vois plus,
les cent soixante-quinze
ne te gardent plus les éclats,
ne te regardent plus en silence,

un par un ils te perdent, rapides,
grâces infernales s’échappent,
ils laissent leur ombre,
leurs nuits,
loin de ta chapelle et de ton abri,
ils pénètrent purifiés dans l’air
qui les emporte,
les traverse,
pressés
vers la pierre inerte,
pied du saint,
où la lanterne n’éclaire jamais
où les veilles sont éternelles,

cent soixante-quinze âmes
entre la mer et tes démons.

No me cuentes cuentos


No me cuentes cuentos
de princesas y ruecas,
de ranas y dormilonas,
no me cuentes cuentos
de príncipes y elefantes,
de lobos y niñas encarnadas,
no me cuentes cuentos
de criadas y escobas,
de zapatos y manzanas,
no me cuentes cuentos
para dormir soñando.

Cuéntame por qué te ríes
para reírme contigo,
cuéntame por donde andas
para andar contigo,
cuéntame lo que miras,
lo que escuchas, lo que callas.

Cuéntame un cuento
para soñar despierto.

Cuervos

Cuervos, cuervos negros como la peste
aletean incesantes en derredor,
aletean y te saben caído,
cuervos grandes, cúmulos,
atisban tu mirada yerma
en su voraz vuelo en picado,
incapaz de distinguir una brizna
de misericordia en esos ojos,
ojos que condenan almas, la tuya,
ojos que ven pasado y futuro,
el que olvidas, el que temes,
ojos que te auguran, ojos negros,
tiemblas en la sombra de los cuervos
que se afanan por ocultar la vida,
cuervos que te preñan, bastardos,
de la semilla airada en el placer,
del agrio sabor del desprecio,
la desconsideración de las muecas,
cuervos y ojos, unos vociferan,
los otros callan pero los escuchas,
voces de cuervos te sobregritan
exterminando fe y creencia,
te sangran los ojos de los cuervos
en las cuencas desiertas, arrasadas,
cuervos con tus propios ojos,
tus ojos negros que te miran sin verte,
tus cuervos negros que ya ni te miran.

Te gusta

Las calles te caminan desiertas
mientras evitas el tránsito de las miradas
esbozando sonrisas nonatas.
El hálito de los deseos que perecen
en los pasos, distantes, inciertos,
te acompañan imprevistos y errantes
solicitando la calma de un sótano oscuro
donde renacer, año tras año,
ahora ya lejos del cálido útero
en el pavimento frío y húmedo
azotado por viento y agua.
Percibes los inconvenientes de sentir
cuando los gestos te desuellan
a cada paso, a cada exposición,
como una amalgama de grises fundidos
que eres incapaz de apreciar, de tan oscuros.
Te abandonas confuso en las palabras
cuando tan sólo deseas algo de claridad
que te permita continuar, otra zancada,
sin que te atormente la hierba pisada,
los caminos visitados, las caídas,
y encuentras mapas inútiles y vacíos
incapaces de mantener el ritmo
frenético, desbocado, de tu mente
que sigue, recorre laberintos sin salida
mientras la poca luz te invade
extinta como tú mismo, a traspiés
y ya no esperas entender, ni aceptar
tan sólo no parar, caminar
mientras sientes aún el viento frío
que te despierta, que te gusta
cuando lo demás ya no.

Me marea

Me marea la mar que no huele,
la mar sin rocas, sin sal,
la de las olas que retornan
a hundir mis pies en la arena,
la del murmullo imperceptible,
la invisible de agua clara.
Me enamora la mar que grita
la que fragmenta las piedras
y las lleva a lomos de su espuma,
la amiga del viento, la terrible,
la que me revuelve y ahoga.
Pero esa mar no se deja amar,
es fría, no me conoce ni quiere,
desdeña mis sentimientos,
es orgullosa y profunda,
fatiga mi amante mirada
envuelta en harapos de mi piel,
en cada ola me expulsa
lacerando mis exhaustos miembros
y me destierra de su lado.
Dile a esa mar que no me olvide,
dile que la buscaré entre la arena
de la mar que me besa.

Ojos sin boca

Andas, andas y miras,
agitas tus pies, ríes,
en tanto que andas sin pies
ríes sin andar, ni te ves.
Distanciado, cauto, olvidado,
la marea de cuerpos sin boca
mira, mira y no te habla, anda.
Ojos en que te confías, solo ojos,
pasan mientras pasan los tuyos,
aprisa, aprisa.
Atropellados tus miedos,
apresurados tus deseos,
tapiada tu voz en el silencio
de la garganta que llora con tus pasos.
Miras, miras y buscas
bocas que oír, risas que ver,
ojos que confiar, detenidos,
sin prisa, sin espanto.
Forma entre formas,
breves, ansiosas, veloces,
gritas, embozas en tu miedo
la fascinación por esos ojos
que ríen, sólo para ti.

Pandemia, del griego πανδημία, de παν, pan, ‘todo’, y δήμος, demos, ‘pueblo’, expresión que significa ‘reunión de todo un pueblo’

Paso angosto

El paso angosto a la subida de los escalones, ahí donde las ramas tienden su sombra más allá de lo políticamente correcto y necesitan un toque de atención de tanto en tanto para recordarles que no deben, aunque podrían, conquistar nuevas tierras.
Ese paso, donde es imposible evitar el sondeo de los cuerpos que alcanzan la cima mientras te acercas, inverso, a contrapié, justo a esa cumbre, a ese paso que te obliga a enfrentar el acercamiento involuntario y la mirada osada, pertinente pero cautelosa.
En ese paso encuentras el instante en que te aborda otra mirada, otros ojos, otra vida, en un breve y preciso instante, esos ojos te reconocen, saben de ti con solo reflejarse en los tuyos, no son extraños, son audaces, indiscriminadamente perversos y quizá obscenos, una mirada que despierta sentimientos adormilados o que creías vencidos en ti, arrinconados y a veces infravalorados pero ahora, ahora son sentimientos vivos, plenos, rotundos.

Dos segundos nada más,
el instante sin curvas, sin pasos,
donde los demás no miran,
y tus ojos perdidos en los míos,
dos segundos sobraron
para que me vieras, visto y vivo,
dos segundos me bastaron para saberte,
desnudarte despacio, sabiendo
de tus puede y tus no sé,
saber de tus ojalá y tus por qué,
dos segundos, dos vidas,
juntas en una mirada
sin prisa al atardecer.

En ese paso encuentras un suspiro en tu piel ajada, un deseo innato de vida, de dulce misericordia en la que refugiarte, de perdón en el que mecerte, de vida y de futuro.
El paso angosto en que se cruzan vida y deseo, sin siquiera conocer ni reconocerte pero juguetones, incautos, vivos.

Pasatiempo

Tolerancia Verdad Miramiento Rencor Consideración Empatía Rechazo Amor Abrazo Afecto Lejanía Sentimiento Olvido Palabra Sonrisa Respeto Desdén Encuentro Censura Resentimiento Amargura Dejadez Deferencia Agobio Intolerancia Mirada Compañía Varapalo Soledad Persistencia Hecho Experiencia Acuerdo Cariño Impaciencia Simpatía Cercanía Mentira Paciencia Candidez Inexperiencia Pasión Celos Deseo Atracción Dulzura Caricia Beso Despedida