Estás sentado, sin más, amarrado a una vagoneta metálica y miras a tu alrededor, ves cabezas, miradas, gestos pero no te ves a ti mismo; sientes tus piernas y tus pies, pisando muy fuerte el suelo antiderrapante de la vagoneta, intentas hundir ese suelo para pegarte al mismo, sabes que no puedes pero insistes.
Y miras a los de al lado, se les ve sonriendo, bocas abiertas, pelos enmarañados e inquietos pero no te ves a ti mismo; sientes tu estómago vibrar, te abandonan las fuerzas y temes que pronto te abandonará tu cuerpo, presientes y sabes.
Ves los raíles, las curvas, los hierros, las luces y el vacío delante de ti, te estremeces pero no te ves a ti mismo; sientes el traqueteo, los gritos, la alarma en las curvas, el reposo en las rectas, y el miedo, el miedo te siente y lo sientes.
La montaña rusa en la que vives, la cima y los infiernos oscuros, la luz en lo alto y la opacidad de las ciénagas en las que te hundes.
El filo en el que caminas y que atormenta tus pasos, guía la vagoneta, incierta, temblorosa y perdida sobre un mundo de cáscaras de huevo, negras y blancas, blancas y negras, el ajedrez de las palabras y los sentimientos, el enroque de los gestos, la rendición de los peones ante la reina, la suya, y los intentos de recuperar la tuya, olvidada justo al otro lado del tablero.
Tu propia y singular montaña rusa entre peones enfurecidos, caballos encabritados y torres invencibles; tu vagoneta ya no te sostiene y pierdes pié, tu suelo se hunde ante tus ojos y el infinito purgatorio de tus pecaminosas palabras engulle la vanidad de los gestos sin remisión, con culpa, quizá, pero ni blanca ni negra.
Y tu vagoneta recorre trayectos marcados, conocidos y frecuentes, sube y baja volviendo al punto de partida, círculo vicioso en el que siempre pierdes un peón, una reina o una torre. Y seguirás en tu vagoneta, arriba y abajo, abajo y arriba mientras te queden piezas en el tablero, cada vez menos, cada vez más torpes.
Jaque.

If you’re losing your soul and you know it, then you’ve still got a soul left to lose. (Charles Bukowski)