Paso angosto

El paso angosto a la subida de los escalones, ahí donde las ramas tienden su sombra más allá de lo políticamente correcto y necesitan un toque de atención de tanto en tanto para recordarles que no deben, aunque podrían, conquistar nuevas tierras.
Ese paso, donde es imposible evitar el sondeo de los cuerpos que alcanzan la cima mientras te acercas, inverso, a contrapié, justo a esa cumbre, a ese paso que te obliga a enfrentar el acercamiento involuntario y la mirada osada, pertinente pero cautelosa.
En ese paso encuentras el instante en que te aborda otra mirada, otros ojos, otra vida, en un breve y preciso instante, esos ojos te reconocen, saben de ti con solo reflejarse en los tuyos, no son extraños, son audaces, indiscriminadamente perversos y quizá obscenos, una mirada que despierta sentimientos adormilados o que creías vencidos en ti, arrinconados y a veces infravalorados pero ahora, ahora son sentimientos vivos, plenos, rotundos.

Dos segundos nada más,
el instante sin curvas, sin pasos,
donde los demás no miran,
y tus ojos perdidos en los míos,
dos segundos sobraron
para que me vieras, visto y vivo,
dos segundos me bastaron para saberte,
desnudarte despacio, sabiendo
de tus puede y tus no sé,
saber de tus ojalá y tus por qué,
dos segundos, dos vidas,
juntas en una mirada
sin prisa al atardecer.

En ese paso encuentras un suspiro en tu piel ajada, un deseo innato de vida, de dulce misericordia en la que refugiarte, de perdón en el que mecerte, de vida y de futuro.
El paso angosto en que se cruzan vida y deseo, sin siquiera conocer ni reconocerte pero juguetones, incautos, vivos.

Pasatiempo

Tolerancia Verdad Miramiento Rencor Consideración Empatía Rechazo Amor Abrazo Afecto Lejanía Sentimiento Olvido Palabra Sonrisa Respeto Desdén Encuentro Censura Resentimiento Amargura Dejadez Deferencia Agobio Intolerancia Mirada Compañía Varapalo Soledad Persistencia Hecho Experiencia Acuerdo Cariño Impaciencia Simpatía Cercanía Mentira Paciencia Candidez Inexperiencia Pasión Celos Deseo Atracción Dulzura Caricia Beso Despedida

Gorrión

Entregué lo poco
que de mi valía la pena,
me sumergí en las olas
que batían mis serenas calas ,
dejé las prendas de mi razón
abandonadas en el muro de las verdades.
Recogí mi último silencio
refugio de mi poca andanza
y me entretuve en aceptar
cada golpe, cada censura.
Rota mi imaginación
rotas mis dudas, mis anhelos,
rotos los deseos que quizá tuve,
añoro, furtivo de besos, la alegría
que embriagaba mi risa,
la nobleza de actos sin voz
y la ausencia de vanidad
en pretender acallar
las sensualidades del ayer.
No hube caminado lo suficiente
para entender y entenderme,
no pretendo guiar mis pasos
donde las aguas son turbias
y los remolinos constantes.
El gorrión de mis mañanas
me abandonó en la tristeza
de hallarse desamparado, ahora
rehuye las migas que le doy
pero sabe que no abandono
los lugares en los que me visita
y se dejará amar, confiado,
en la mano amante que le tiendo.

Profundo

Si no puedes sentir la roca
en tus pies desnudos, dolidos,
la mar no te amará,
si no te hieren las manos
los guijarros amontonados,
la mar no te entenderá
si no te quema el sol y la sal,
si no te ahogas en las olas,
si no te salpica cada amanecer
como el último que vivirás
la mar no te lo perdonará
y se lo dirá al viento
que te azote,
a la lluvia, la fina que cala
y a la gruesa, que te ahogue,
se lo dirá a lo profundo
que no dejará ya que te ocultes,
la mar, la mar no te lo perdonará.

Déjate

Déjate llevar, déjate arropar, déjate mimar,
que te cieguen la vista con arrullos,
que te amarren las manos con caricias,
que te aprisionen con abrazos,
que sequen tu boca a besos
y ensordezcan tus oídos con halagos
y que te importe, que lo sientas,
que respires lo que nunca,
el viento en que se mece la risa,
la brisa en que te encuentran unos ojos,
las tardes calmadas en que te hablan,
los segundos, tan cortos, en que vives
y arropa, mima, mira, acaricia, besa
y ama.


Paseo

Pasos en el paseo, pausados,
recibiendo a la tarde, ya venida,
languidecen contigo las ausencias
en el rito, en la costumbre, en el viento,
la luz acompasa el ritmo, y la sombra
extiende alejada tu presencia,
huye de ti, cautiva sin criterio,
temerosa de tus pisadas,
solidaria con los guijarros, graves
que atruenan el sendero.
Los recovecos en las miradas,
las voces en las rocas,
observan, piensan, caminan
a tu paso, a otro paso, a su paso
y desdibujan en ti las sombras
de las nubes custodias
alentadas por brisas lisonjeras
que trastabillaban tu huella,
imperfecta pero no infame,
y te conducen de vuelta,
renacido en la diáfana claridad
ya sin sombra,
jugando con la tarde crecida
que aún palpita en el camino.

Arena

Tant de bo el vent
em despullara,
em desposseïra,
em desvalisara,
em desbaratara,
em erosionara,
tant de bo fora arena
per besar la mar,
anar-me en cada onada,
vindre sense tornar,
pintar de blau els meus ulls
amb la seua pell,
emblanquinat de sal,
orfe de terres allunyades,
viure en la claror de les matinades.
Tant de bo la nit
em trobara jugant
amb el vent i la mar
i la foscor no em veguera,
infant acaronat per llunes
pàl·lides en l’aigua infinita.

Sóc

Sóc el que sóc, res més,
sóc sense dubtes, sense por,
sóc el vent que amaga el núvol,
si em recordes, potser demà,
siga per haver-te estimat,
si em fuges, potser avui,
siga per no entendrem.
Sóc un home que naix
al costat de les teues mans,
plegat a la vida dels teus ulls,
sóc un home que mor
lluny de les veritats no dites,
dels vents que no pentinen,
estels perduts al ànima,
boig de somriures perduts.
Sóc, potser sóc poc,
però estime el que sóc.

Gato negro

El gato de mis sueños
me dejó los restos de una lágrima
al borde de mi ventana,
desapareció en la negrura,
negro de pelaje oscuro,
en la lágrima seca se detuvo
mi tiempo, y sus patitas,
ahora errantes en la noche.
No se detuvo a lamerme
mis lágrimas frescas
para no temer mis miedos,
para no sufrir mis llantos,
para no ver mi mirada,
y saltó de vida en vida,
gato negro perdido,
buscando la alegría
ausente de mi ventana.
Su sombra recorre
las calles, las esquinas
que la vida no dobla,
buscándome sin saber
que el perdido soy yo.

El junco

El junco se dejaba mecer
por el viento de la tarde,
un viento cálido, suave,
el junco iba y venía
con la sutileza del aire,
el viento le contaba historias
de sitios en el olvido,
de riberas remotas sin ríos
donde las brisas callaban,
el junco se mecía en el viento,
seguía los rumbos del aire.
El vendaval estremeció la tarde,
el junco se arqueaba en él,
los ríos y las riberas se anegaron
con la lluvia fresca del viento,
el junco se retorcía inquieto
en el temporal que lo desgarraba.
El junco ya no escucha el viento,
ni la brisa, le falta el aire.

I cannot conceive of a greater loss than the loss of one’s self-respect. (Mahatma Gandhi)