De vez en cuando, otra vez,
y otro cuando,
olvidas razones, olvidas verdades,
olvidas,
y no es que no te halles, pero te encuentras
y a veces, tan solo a veces,
te invade esa inquietud en que las horas
quietas no se sumergen ya,
en que los ríos son cautivos de las lágrimas
y las risas esconden su poco misterio,
detrás de unas piedras,
en la tapia de Dios sabe qué campo,
santo, porque santo es el ingenuo,
y a ti, a ti te olvida hasta el recuerdo
de los imborrables pecados
en que sobreviven tus deseos,
imperfectos, imperecederos, imposibles,
tuyos, en busca de una cruz
donde crucificarse, donde ser,
y de vez en cuando, obra y carne,
finges, sonríes, cantas, bailas,
sin la tormenta de tus quiebros,
en pos de una luz donde anidar
quieto, en la quietud callada
de tu propia misericordia,
te invade el silencio, calla,
no digas nada, calla.
