El mar lo sientes como un muro
infranqueable y osado que te reta,
sabes que en su inmensidad no cuentas,
en cada ola esconde su fuerza
y se ufana en demostrarlo,
las eleva y te acurrucas,
las desciende y no te encuentras,
se alía con el viento, bravucón,
y se burla, a risotadas entre las drizas,
te marea, te zarandea, te escora,
y sabe que le temes, insolente.
La mar, ésa te abraza,
sientes la tibieza de su cuerpo,
su manos inquietas que te exploran,
las curvas, perfectas, de sus caderas
y los pechos que se elevan, sensibles,
sabe que con una mirada estás perdido
y sin embargo te acaricia amante,
osado recorres su torso, juguetón,
y besas cada recoveco de su piel,
la amas, y no temes fundirte con ella.
El mar, celoso y embravecido,
te espera, lo presientes y te acobarda,
no podrás huir mientras la ames,
hundirá sus garras en tu alma
mientras ella besa tus heridas,
el cercenará tus ilusiones, todas,
en cuanto la pretendas, apasionado,
y revolverá tus entrañas de carne débil
sin que puedas evitar el deseo
y a veces, a escondidas,
sigas haciendo el amor con ella.

Our doubts are traitors, and make us lose the good we oft might win, by fearing to attempt. (William Shakespeare)