Te delata

Estabas distraído, casi ausente
y no acertabas a creer, imposible,
que su camino llegara a ti,
sin errar, sin disimular,
con paso firme, mientras tú
inventabas diálogos y presencias,
pero unos instantes bastaron,
unas pocas palabras, leves, suyas
y unas muchas, atolondradas, tuyas
para dejarte vencer.
Perdiste toda razón, toda prudencia,
te sumergiste en su mirada, profunda,
aprendiste a respirar y nadar,
en sus detalles, en su sonrisa,
incluso en sus ausencias,
y en sus gestos cómplices
a quien mejor la entiende.
Ahora quieres recuperar la cordura
pero no puedes, deseas insistir,
molestar, saber, indagar y volver
a sentir.
Y mientras, caminas, embobado,
con esa sonrisa contagiosa
que te delata.