Temes que se pueda romper, es un hilo muy fino.
Pero es un hilo que tú tejes,
con telares que no te son propios,
agujas que no te dormirán pero pinchan
y a veces duelen.
No se te da bien, eres profano,
un lego en la materia, creas enredos,
diferencias, tan irregulares como tu propia vida,
quisieras que fueran amarras,
cadenas incluso, pero no eres capaz de tejer
más que madejas, revoltillos de lanas,
sirven como nido para tus locuras
pero no logran afirmarte a la roca,
resbalas y te vienes abajo,
sin embargo no huyes, no temes la caída,
tan sólo temes que rompa.
Mientras puedas cogerte a un asidero
y mantener el cordaje sobrevivirás,
te dejarás las manos en el intento,
desolladas pero vivas,
podrás seguir con tu viaje a la cumbre,
descubrirás nudos, poleas
y algún truco de explorador, caduco pero fiable,
cualquier cosa con tal de mantener el hilo,
tenso quizá, pero resistente.
Un hilo muy fino,
la diferencia entre su ausencia y su presencia.
