Hubiera querido que el frío se me llevara,
de incógnito, de noche cerrada,
que me agarrara de los pies y tirara,
sacándome de la cama caliente,
que me gritara en mis sueños callados
que rabiara en mis oídos adormecidos.
Hubiera querido que la vida me destripara,
inhumana, alocada, sin cordura,
que me atormentara cada segundo
de los que vivo, y de los que sueño.
Hubiera querido tus manos, cerca,
tanto que me quemaran, ardieran,
que sintiera cada pálpito de tu piel,
que la luna me gritara, ensordecedora,
en cada instante en que dejé de mirarte,
en cada humor de tus pensamientos.
Hubiera querido el perfecto instante
en que todo cobrara sentido,
sin el tormento de conocerte,
sin saber, sin poder, sin perder,
ahora que todo es sombra.
Hubiera querido que mis manos
dejaran de buscar el tiempo entre las dudas,
la verdad entre las palabras
y el olvido en el frío de la noche.
