Ojos de niño

No hay bocas que lo digan
ni ojos que lo vean.
No pueden percibir ese quejido,
apenas si un llanto, quedo y perdido,
nos llega de tan lejos que no importa,
lo transforman las lentes, las palabras,
y no podemos escuchar el silencio que hay detrás.
Ése que debería sangrarnos,
mutilar nuestras cuencas,
herir nuestras manos hasta llorar,
romper nuestra cómoda existencia,
volar lo poco de bueno que nos queda
y notar, sentir, sufrir lo que cuenta,
a gritos y sin voz, a llamaradas y sin fuego,
con sus ojos apagados, apenas crecidos,
mirada que ha visto demasiado,
y que nosotros evitamos,
sus ojos y su vida, apenas un hilo.
No es inmediato, ni consumible,
ni seguible, solamente és.
Es vida, pero lejana,
son ojos, pero perdidos,
son manos, pero tiemblan,
y no, no son tuyas, ni de nadie,
pero las necesitas, como el aire,
como el agua, como el sol,
y no puedes dejar de verlas
por mucho que te ocultes y finjas.
Sabes que podrían ser tuyas,
que a ti te tocó el premio
y a otros solamente la pedrada,
pero no te importa, tan lejos,
nunca verás las piedras
hasta que las tengas encima.

Por si no te ha quedado claro: https://www.unicef.es/