Fuertes, agua y vientos,
los que te colman,
rompes, mojada me invades,
espumada, nunca sola,
a cientos, blanca azulada.
En un retazo de mi piel, me salas,
harto de agua y sol, vencido,
me dejo pincelar y calar.
En crestas te presentas, brava,
me perviertes, repetida,
acunas mi tembloroso cuerpo
y te ocultas a mi mirada,
presta a reincidir y azotarme.
Me arrastras en tus senos
y exultante me derrotas,
me rebelo por conocerte
y navegar contigo cada ola,
cada gota en la que vives,
amarrarme a tus devaneos,
sumergirme en tus abismos
y yacer contigo,
perfecta y húmeda,
en la cadencia de tus ondas,
en las formas de tu materia
imposible de domar,
en la fluidez de tu vientre
impregnando mi pasión.
Amante imperfecta y cruel
me desdeñas mientras me atraes
a tu sincera profundidad.

Escalera
Un día subí a lo alto,
casi sin querer,
casi sin poder,
y vi todo lo que había,
había árboles y ríos,
había basura y peste,
había casas y gente,
había ruido y fuego,
había niños y había sueños,
sueños de niños ausentes
y estaba la luna, cerca y grande,
la luna me miraba,
como miran los niños,
como miran los ausentes,
y en la luna lo vi,
sin querer verlo,
vi el éxito, vi el poder,
vi el odio y vi la miseria,
la miseria de los que no ven,
ni a los niños, ni a la gente,
ni a los árboles, ni a la luna
y al amanecer se esfumó
la luna, y mi sueño,
pero seguían mirándome,
desde lo alto de la escalera.

In the little world in which children have their existence, whosoever brings them up, there is nothing so finely perceived and so finely felt, as injustice. (Charles Dickens)
Amanece
El día rompe al alba,
no adivino dónde estás,
la luz invade la mar
y en su espejo se repeina,
extraño olvido tu mirada,
caracolillos de la mañana
que las olas encrespan,
cegado en tus manos quiebro,
las nubes revolotean
acariciando la montaña,
y rehuyo tus presencias
penachos húmedos y grises
la coronan lisonjeros,
temerosos del amanecer,
pierdo mis ansias, finitas,
el terral desvela su alma
resbaladiza en la ladera,
y borro verdades infinitas
regueros de rocío la acunan
absortos en la claridad,
me conmueve la osadía
de la nueva vida, plena,
a la que somete la alborada,
en la que penetra mi canto,
ojos que en la condena
oscura de la noche exploran,
ahora cegados por la vela
de la aurora germinada
se afirman en la ilusión
rompiendo la madrugada.

You Are Not the Same as Yesterday You Were. (
Encalada
A veces simplemente le das,
no es tu pelota, la encuentras,
una pelotita casi deshinchada,
no rueda, es una pelota vieja,
cansada, una pelota cuadrada,
y aún así le das, el pie, le das,
no es que quieras lanzarla,
no te importa donde va,
no por perderla de vista,
no molesta, no es tu camino,
le das, fuerte, sin razón,
cogiendo impulso, al aire,
la pelota vuela, frenética,
viaja los viajes que tú no,
con las alas plegadas,
la pelota transita, imposible
entre tu pasión y el tejado,
la pelota te olvida, desairada
entre las tejas, con vistas,
elevada, encalada,
no es tu pelota, no,
le diste, la encalaste,
la cambiaste,
tú sigues igual.
Encalar sólo se puede en Valencia, los demás enganchan, guinsan, botan, encajan, colan, embarcan.
Chiflado
Acaricié las nubes con mis uñas,
rasgué algodones blancos,
pensando que eran cielos grises
no llegué a ver los amaneceres
en mis manos mojadas,
los días que nunca llovían
me empeñé en sacar las botas
para no encharcar mis pies.
Sin apenas una gota caída,
sin apenas una risa escondida,
me revuelvo en las mañanas
que ahora pasan plomizas
buscando aguaceros perdidos.
Equivoqué todas las palomas,
y los nortes y las camas,
equivoqué todas las tardes
y el regazo en que dormía.
Por no encontrar olas perdí mares
y confundí meandros con islas,
donde perderme, escondido,
a vueltas de las tormentas perdidas
a gritos de las lluvias infinitas
donde no me alcanza la vida,
que perdí sin entender
mientras pasaba de largo
al atardecer de tu sonrisa,
en el olvido de tu boca,
en la fiesta de tus brazos,
mientras me pasaba la vida
incauto y perdido, chiflado,
soñando con la felicidad.
Ella se durmió en la orilla. Tú, en la cumbre de una rama. (Rafael Alberti)
Jetlag
Es un rapatap, rapatap,
rapatapatap, rapatapatap,
me llama el tap, rapatap,
lleno de clap, chap, map,
dentro de un cuac, buac,
mientras le doy un muac,
rataclac, al sol, smac,
la luna me mira, clap,
clap, en su rataplap,
la luna me esquiva,
es un tic, clic, pataclac,
el sol se enfada, chac,
y me llama, crack,
mientras la luna, glup,
sonríe, cataplam, plam,
y me deja, chis, cachis,
roto, pluf, maramiau.

Es posible
En el momento en que reflexionas y miras al suelo y sientes que esas baldosas se acercan a ti y te atrapan, en ese momento en que los ojos apenas pueden distinguir las difusas líneas que las separan, entonces comienzas a pervertir los momentos en que te abandona la razón para sumergirte de lleno en cascadas donde niegas hasta la existencia. No eres tú, pero ni siquiera lo sabes, no eres más que una amalgama de sin sentidos y provocaciones de la vida, ésta te rodea lisonjera mientras intentas arremeter con el resto de lo que aún crees que dominas, o sea nada.
El absoluto y desesperado idólatra de ti mismo, en realidad un completo desconocido que intenta aprovechar tus ratos de lucidez para convencerte de lo contrario, un simpático haragán que gimotea en una esquina cuando no puede hacerse cargo de ti ni de tus fantasías, te acuna perverso cual infante tembloroso, y te arroja al asfalto, ojo a las curvas que vienen mal dadas.
Te pesa el juicio, y te pesa la balanza misma en que escudas la fragilidad de tu propio juicio, para no admitir lo infundado de tus certezas ni lo caótico de tus dudas, esperas que la sentencia te exima incluso de cumplir la mínima y sabes bien que sin arrepentimiento no encontrarás tu consustancial perdón, pero aspiras a disimular los barrotes de tu encierro mientras sobrevives a las maledicencias de tu decoro.
Invierte la fragilidad de tu pena y sumérgete en el arrebato consciente de colmar la vida sin desdeñarla ni asumir pérdidas, ofrécete incauto a la terrible necesidad de romper, rasgar y despedazar la sutil experiencia de amanecer vivo, un día más.
Es posible que halles los sinsabores de las ocasiones menos fructíferas, quizá ocultas entre los ramajes de la frondosidad en que tú mismo te pertrechas, es posible.
Es posible que descubras la liviana separación entre los sueños y las quimeras, inalcanzables éstas pero no menos perseguidas, de todo punto sobrevaloradas, es posible.
Es posible incluso que te percates del apenas perceptible rumor de la maquinaria que a tu lado, y contigo, va devorando los segundos, todos, sin misericordia, es posible.
Todo es posible, así que vete al carajo y busca un horizonte de playas infinitas donde bañarte mientras amanece.
Your choice between sunrise or sunset depends on your attitude. (Ibn Jeem)
Ojalá
Me reventó la cordura, sin remisión,
un ya basta y unos aplausos,
perdí la poca serenidad que me quedaba.
Me abandonó la frivolidad,
y con ella se fue la risa y mi sombra,
me di cuenta de que no me sirve
de nada correr si no sé a dónde ir.
Jugué al juego de no perderte
mientras me perdía las noches contigo,
jugué a conocer sin poder ganarte
y desafié mis propias voces y el silencio
que crecía entre los dos, callado.
Ojalá no hubiera sido yo, siéndolo,
y haberte sentido, sin jugármela,
y haber ganado, sin apostar
y nunca más perder, ni ganar.
Ojalá los pasos nos sigan,
y quieran saber de ti y de mí,
pasos dispares, pasos sin compás.
Me abandonó la razón, por la que respiro,
un recuerdo, un soplo, quizá un gemido,
y en el poco tiempo en que me hallo
no te encuentro, ni te busco.
Me dejó la euforia, por imposible,
harta de intentar conquistarme,
en el vacío donde mora mi razón.
Ojalá hubiera sido yo, sin serlo.

No supo
Se le cruzó, una mañana, en un paseo impensado, en una mañana fría se le cruzó y la vio.
Era como la lluvia fina que no alcanzas a sentir mientras te cala, era como esa gotita de amanecer que se posa en tu sueño y no quieres despertar.
En la boca se le amontonaron las palabras, se le agolparon las voces, las frase brincaban impacientes por nacer.
Y no supo qué decir.
Las hojas de octubre palidecían al contemplar cómo se movía, le brotaban todas y cada una de las sonrisas del mundo a su paso.
Los zapatos y los que los llevaban se olvidaban de caminar y la perseguían.
Y no supo qué andar.
Las luces de la calle y los ojos perdidos de los escaparates, y los atentos de los viandantes, y el ámbar de los semáforos, todos palidecían perdidos en su retina.
Y no supo qué mirar.
Dejó que su sombra se difuminara en el asfalto, que le esquivara en una esquina, que no escuchara el rumor de sus pasos, que no viera su rostro.
Y no supo qué amar.

Every man can see things far off but is blind to what is near. (Sophocles)
Un papel
Ni estaba en una botella ni lo había escrito en un papel perfumado, era poco menos que una frase, quizá un párrafo o como a los anglosajones les gusta llamarlo, una sentencia.
Porque eso era, nada más y nada menos, la sentencia de su propia suerte, la irremediable aceptación del devenir próximo de su vida.
Era su papel, y lo había escrito con su bolígrafo, que contenía su tinta, lo escribió con su propia mano, con los dedos apresados al frío metal.
Había meditado tantas veces lo que debería hacer llegado este punto, horas y horas invertidas en reconocer que de algún modo su porvenir estaba ligado al de los demás, que su destino pendía, como una marioneta, de las cuerdas que todos, todos y cada uno de los actores en esta tragicomedia no atinaban a mover con la certeza que se les requería.
Intuía que la ansiedad, que corroía cada minuto de los lánguidos días en que transcurría su pesar, no era más que el fruto de los devaneos de la comunicación que le abrumaba, de la odisea de intentar desplegar con un ápice de certeza los datos y las previsiones que le arribaban, incansables, a su atrofiada y estéril mente.
Sentía la incapacidad de la comprensión, el devaneo insustancial, a todas luces pueril, entre la ingente y agolpada desinformación que le absorbía la fe y la toma de partido, nuevamente infructuosa y baladí; incertidumbres asociadas a la malograda comunión entre pensamientos dispares, tensiones no resueltas, afectos y desafectos que no se ocultan ni son convenientes.
Un papel, miserable y reciclado, en el que disponía de toda la prosa que su extensa educación le había prodigado, del verbo tan denostado como infame en que acunar deseos, sueños y a veces hasta la rebeldía furiosa en que se atrincheraba para no desfallecer en el intento de sobrevivir.
Un papel, desgarrado por no recortar, estirado por no aguardar opciones, manchado con letras simples y desgarbadas, un papel escrito.
– Julia, son las seis, salgo a pasear y volveré a las diez en punto.

Escritos desde mi celda II