Jetlag

Es un rapatap, rapatap,
rapatapatap, rapatapatap,
me llama el tap, rapatap,
lleno de clap, chap, map,
dentro de un cuac, buac,
mientras le doy un muac,
rataclac, al sol, smac,
la luna me mira, clap,
clap, en su rataplap,
la luna me esquiva,
es un tic, clic, pataclac,
el sol se enfada, chac,
y me llama, crack,
mientras la luna, glup,
sonríe, cataplam, plam,
y me deja, chis, cachis,
roto, pluf, maramiau.

Es posible

En el momento en que reflexionas y miras al suelo y sientes que esas baldosas se acercan a ti y te atrapan, en ese momento en que los ojos apenas pueden distinguir las difusas líneas que las separan, entonces comienzas a pervertir los momentos en que te abandona la razón para sumergirte de lleno en cascadas donde niegas hasta la existencia. No eres tú, pero ni siquiera lo sabes, no eres más que una amalgama de sin sentidos y provocaciones de la vida, ésta te rodea lisonjera mientras intentas arremeter con el resto de lo que aún crees que dominas, o sea nada.
El absoluto y desesperado idólatra de ti mismo, en realidad un completo desconocido que intenta aprovechar tus ratos de lucidez para convencerte de lo contrario, un simpático haragán que gimotea en una esquina cuando no puede hacerse cargo de ti ni de tus fantasías, te acuna perverso cual infante tembloroso, y te arroja al asfalto, ojo a las curvas que vienen mal dadas.
Te pesa el juicio, y te pesa la balanza misma en que escudas la fragilidad de tu propio juicio, para no admitir lo infundado de tus certezas ni lo caótico de tus dudas, esperas que la sentencia te exima incluso de cumplir la mínima y sabes bien que sin arrepentimiento no encontrarás tu consustancial perdón, pero aspiras a disimular los barrotes de tu encierro mientras sobrevives a las maledicencias de tu decoro.
Invierte la fragilidad de tu pena y sumérgete en el arrebato consciente de colmar la vida sin desdeñarla ni asumir pérdidas, ofrécete incauto a la terrible necesidad de romper, rasgar y despedazar la sutil experiencia de amanecer vivo, un día más.
Es posible que halles los sinsabores de las ocasiones menos fructíferas, quizá ocultas entre los ramajes de la frondosidad en que tú mismo te pertrechas, es posible.
Es posible que descubras la liviana separación entre los sueños y las quimeras, inalcanzables éstas pero no menos perseguidas, de todo punto sobrevaloradas, es posible.
Es posible incluso que te percates del apenas perceptible rumor de la maquinaria que a tu lado, y contigo, va devorando los segundos, todos, sin misericordia, es posible.
Todo es posible, así que vete al carajo y busca un horizonte de playas infinitas donde bañarte mientras amanece.
Your choice between sunrise or sunset depends on your attitude. (Ibn Jeem)

Ojalá

Me reventó la cordura, sin remisión,
un ya basta y unos aplausos,
perdí la poca serenidad que me quedaba.
Me abandonó la frivolidad,
y con ella se fue la risa y mi sombra,
me di cuenta de que no me sirve
de nada correr si no sé a dónde ir.
Jugué al juego de no perderte
mientras me perdía las noches contigo,
jugué a conocer sin poder ganarte
y desafié mis propias voces y el silencio
que crecía entre los dos, callado.
Ojalá no hubiera sido yo, siéndolo,
y haberte sentido, sin jugármela,
y haber ganado, sin apostar
y nunca más perder, ni ganar.
Ojalá los pasos nos sigan,
y quieran saber de ti y de mí,
pasos dispares, pasos sin compás.
Me abandonó la razón, por la que respiro,
un recuerdo, un soplo, quizá un gemido,
y en el poco tiempo en que me hallo
no te encuentro, ni te busco.
Me dejó la euforia, por imposible,
harta de intentar conquistarme,
en el vacío donde mora mi razón.
Ojalá hubiera sido yo, sin serlo.

No supo

Se le cruzó, una mañana, en un paseo impensado, en una mañana fría se le cruzó y la vio.
Era como la lluvia fina que no alcanzas a sentir mientras te cala, era como esa gotita de amanecer que se posa en tu sueño y no quieres despertar.
En la boca se le amontonaron las palabras, se le agolparon las voces, las frase brincaban impacientes por nacer.
Y no supo qué decir.
Las hojas de octubre palidecían al contemplar cómo se movía, le brotaban todas y cada una de las sonrisas del mundo a su paso.
Los zapatos y los que los llevaban se olvidaban de caminar y la perseguían.
Y no supo qué andar.
Las luces de la calle y los ojos perdidos de los escaparates, y los atentos de los viandantes, y el ámbar de los semáforos, todos palidecían perdidos en su retina.
Y no supo qué mirar.
Dejó que su sombra se difuminara en el asfalto, que le esquivara en una esquina, que no escuchara el rumor de sus pasos, que no viera su rostro.
Y no supo qué amar.

Every man can see things far off but is blind to what is near. (Sophocles)

Un papel

Ni estaba en una botella ni lo había escrito en un papel perfumado, era poco menos que una frase, quizá un párrafo o como a los anglosajones les gusta llamarlo, una sentencia.
Porque eso era, nada más y nada menos, la sentencia de su propia suerte, la irremediable aceptación del devenir próximo de su vida.
Era su papel, y lo había escrito con su bolígrafo, que contenía su tinta, lo escribió con su propia mano, con los dedos apresados al frío metal.
Había meditado tantas veces lo que debería hacer llegado este punto, horas y horas invertidas en reconocer que de algún modo su porvenir estaba ligado al de los demás, que su destino pendía, como una marioneta, de las cuerdas que todos, todos y cada uno de los actores en esta tragicomedia no atinaban a mover con la certeza que se les requería.
Intuía que la ansiedad, que corroía cada minuto de los lánguidos días en que transcurría su pesar, no era más que el fruto de los devaneos de la comunicación que le abrumaba, de la odisea de intentar desplegar con un ápice de certeza los datos y las previsiones que le arribaban, incansables, a su atrofiada y estéril mente.
Sentía la incapacidad de la comprensión, el devaneo insustancial, a todas luces pueril, entre la ingente y agolpada desinformación que le absorbía la fe y la toma de partido, nuevamente infructuosa y baladí; incertidumbres asociadas a la malograda comunión entre pensamientos dispares, tensiones no resueltas, afectos y desafectos que no se ocultan ni son convenientes.
Un papel, miserable y reciclado, en el que disponía de toda la prosa que su extensa educación le había prodigado, del verbo tan denostado como infame en que acunar deseos, sueños y a veces hasta la rebeldía furiosa en que se atrincheraba para no desfallecer en el intento de sobrevivir.
Un papel, desgarrado por no recortar, estirado por no aguardar opciones, manchado con letras simples y desgarbadas, un papel escrito.
– Julia, son las seis, salgo a pasear y volveré a las diez en punto.

Escritos desde mi celda II

Generación X

Soy un afortunado miembro de la generación X, también llamada generación de la apatía o cómo a mí me gusta llamarla generación Peter Pan.
Apenas tuve que sufrir los últimos coletazos de una dictadura pero quedé impregnado de alguna forma de las ansias de vida y libertad que se respiraban en el mundo por aquel entonces. Era el momento de los flower power y el amor en algunos países, aquí fue el tiempo de la emigración a Europa, los trenes atiborrados de esperanzas y de hogazas de pan.
Desde entonces he disfrutado de una época tranquila y sin demasiados sobresaltos, nada que ver con las generaciones inmediatamente anteriores cuando poco después de estrenar el siglo más de veinte millones de personas perdieron la vida en una guerra que ni les iba ni les venía, que cuando se acabó esta guerra la gripe española acabó de un tajo con los sueños, amores y risas de más de cincuenta millones de personas, que no contentos con eso empezó la gran depresión, un fantástico caldo de cultivo para los demagogos y bocachanclas salvapatrias (ipsa historia repetit) que les llevó a otra guerra, de las gordas, con unos sesenta millones de vidas segadas de golpe. Generaciones como la de mi madre, camino al trabajo de madrugada encontrando jóvenes muertos en la cuneta los últimos días de la guerra, con largas listas de nombres en los periódicos, listas de amigos, un primo, un vecino, quizá un novio.
Sí, soy de una generación cómoda, una generación que ha vivido desde el sofá genocidios como el de Camboya, o los más recientes de Los Balcanes o Ruanda con un millón de muertos y quinientas mil mujeres violadas.
La crisis de los misiles que iba a acabar con el mundo conocido ya había pasado y mi mundo seguía en pie, con mejores o peores zapatos pero en pie.
Alguna camiseta del Ché, quizá un poco de Punk trasnochado y mucho Rock, eso te marca e impregna carácter, no hay duda.
La misma camiseta que me he puesto de vez en cuando estos días para escuchar canciones protesta e himnos revolucionarios mientras hacen pop las palomitas en el microondas, saboreando la enésima cerveza que, no debo olvidarlo, me ayuda a entonar estos himnos con la fuerza y el tesón que la revolución requiere o al menos sin desafinar demasiado.
Ahora, ahora salgo de nuevo a la calle, pero antes de cerrar la puerta echo un vistazo al interior de mi celda intentando coger perspectiva, en la vida es muy útil no perder la perspectiva para apreciar todos y cada uno de los detalles, pero también para no magnificar o transformar la realidad pues eso alimenta a los monstruos que acabaron con la vida y los sueños de las generaciones anteriores.
El tic-tac del tiempo es el peor enemigo del capitán Garfio, pero Peter Pan sabe que para permanecer joven no hay que perder la memoria, ni la perspectiva.

Fase X

No bien hubo acabado el destierro que le retuvo aprisionado en aquella aparente tierra de cortesanos y meretrices de todas las estofas, se dio cuenta de la inutilidad de los subterfugios que utilizaba para no expandir su alma.
Era tan manida su persecución de la cotidianidad loable, del aplauso meritorio y disciplinado que nunca antes alcanzó a desdeñar ese atisbo de plena satisfacción que enardece a los incautos en la búsqueda de su bienintencionada bondad, atrancando al unísono y diariamente el cerrojo del pensamiento mientras se dejan aniquilar por cantos de sirena, tan hermosas y sutiles como inútiles y asexuadas.
Permaneció absolutamente inmóvil, retando cada una de las intenciones que le acosaban, fustigándole a la continuidad en la obtención de los logros minúsculos que se ocultaban tras esas imágenes, las suaves luces tan bien alineadas, tan bellamente dispuestas para alimentar retinas insulsas y adormecidas.
No quiso interpretar ninguna de las frases que se le presentaban, no anhelaba ya entender la conciencia social de la belleza sin maldad, de los parabienes amados, queridos, las letras poéticas que revelaban el paso de hermosas gestas y deseos en los que espejarse y sumergir sus hilvanados principios, tan cautos y alindados.
No deseó escuchar ni compartir el sonido de las bellas melodías que antaño arrebolaban su ser invadiéndole de ternura y complejos reblandecimientos de cariño que no debían postergarse.
No, cuando terminó el destierro no regresó, no volvió a ser el mismo, no contuvo sus ansias ni un segundo más y decidió que su futuro merecía ser vivido lejos de la cárcel en que ahora moraba, y en ese mismo instante cerró la sesión y apagó el ordenador.

Desde mi celda

Microrrelatos en el confinamiento

Llegaré pronto
Me levanté algo perezoso, lo que tiene un miércoles cuando la noche anterior te excedes. Y es que a Julia no se le ocurrió otra cosa que enfundarse esos vaqueros que, lo sabe, vaya si lo sabe, te arrastran a perderte entre sus curvas.
El café estaba caliente y contemplar esa sonrisa cómplice que dibuja aún recuerdos de la noche anterior es encantador.
La besé, le robé un beso al partir, y deseé que no hubiera acabado el confinamiento.
Menos mal que la carretera aún está poco transitada, llegaré pronto. Tengo ganas de que terminen las obras, ese camión, pero qué …

 

Manos sucias
La misma tarea, repetida, una mano, la otra, el jabón, las uñas, el cepillo de uñas. Lávate las manos, las uñas, debajo de las uñas. Limpio, más limpio.
Las uñas no quedan bien, mejor cortarlas, a ras. Límpialas de nuevo, con cepillo. Frota las yemas, bien limpias.
Te duelen los dedos en las cuerdas, te duele la guitarra, no tienes uñas para tocar. A Victor se las destrozaron, le silenciaron con el ruido de las 44, asesinos con manos sucias.

Aqua fulget

Río abajo, río abajo,
el agua te lleva sonriente,
abrazado a tu triste memoria
que te rehuye exhausta.
Río abajo, la lluvia fina
la que lava tu rostro
y enjuga tu miseria,
desmembrado en la pasión,
sutil en la reverencia
a tus carnes indolentes,
te impregna, cálida gota.
Ves y arrancas lo que miras,
tocas y cercenas lo que sientes,
amatoria creencia introspectiva
que te adula el ser, quebrado.
Río abajo, la vida espesa,
costalero de cruces perdidas,
en tu propio osario percibes
el dolor de tu suerte,
la risa plañidera del ocaso
en el que gustas esfumar
creencia y verdad, ausente.
Río abajo, río abajo,
tu vida y tu muerte.
The literal meaning of life is whatever you’re doing that prevents you from killing yourself. (Albert Camus)

Conmigo

Ya solo quedo conmigo,
a la vuelta de la esquina,
no más lejos.
No escribo por no molestarme,
ni se lo que digo si me llamo
cuando hurto palabras a mi voz,
me temo cuando me lloro,
presente y reflexivo,
me canso de seguirme,
de alterar mi sueño sin mí.
Cuando me falto me evado,
si no me siento, ya no estoy,
en mi ya no me hallo, me canso,
y me pregunto hasta cuándo.
Cuándo volveré a verme,
cuándo estaré en mi,
si podré amarme,
en silencio,
si miraré mis ojos,
cerrados,
sellados sin verme.
Me calla mi ausencia
y me cuestiono inerte
en mi propia soledad,
me recluyo en mi celda
y me sobrevivo, acotado,
me respiro, me transpiro
y a veces, me suspiro.
Me envuelvo en mi refugio,
en la tragedia de despertarme
a la distancia en que habito,
irreflexivo y ausente, vivo.

I believe a lot of disease comes from anxiety, loneliness. (Tom Cochrane)