De vez en cuando te recuerdan que pintas canas, que las primaveras tienen menos abriles porque algunos ya te los robaron, que quizá debieras dejar de soñar.
Pero tus ojos vuelven loco al reloj que te espía, te palpita el corazón sin actualizaciones, tu cámara ve lo que quiere ver y no le importan los pixels, las mañanas siguen calentando tu alma inquieta y tu voz suena firme, cada día más grave, buscando el temblor en un compás de Händel mientras suspira por ser el amante más duro que el resto, en el túnel del boss, en minúscula y sin camisetas. Y te das cuenta que hay canciones que sólo son para ti, quizá sin conocerte, quizá sin amarte, pero tuyas … y mías.
