Gritamos sin sentido,
sin razón,
refugiados en el ruido.
No somos olas rompiendo,
solo quejidos sin aire,
rumores sin compás
que no reconocen el viento.
Sopla, sopla,
acalla los rencores,
afina tu orquesta,
tensa las cuerdas
y escucha mi voz callada
que habla de tormentas.
Escucha el vendaval
de rugidos sin compás,
sin notas, sin batuta.
Pero no temas la lluvia,
es mía, es tuya, es agua,
me abraza en el silencio
de los besos sin miedo.

