Cajones vacíos te acompañan
intentas no irte, no tener prisa,
y te persigue el tiempo
el que has perdido, el que ganas,
las risas olvidadas y alguna lágrima.
Buscas lo que nunca te arropa
entre las manos que te huyen
y persigues estar, sin ser, ni querer,
adiós quizá a los estrépitos,
a las riñas de amantes cansados.
Cuando tú me olvides, yo seré,
cuando yo te olvide, tú reirás,
en tu infinita perfecta feminidad,
sin temor, sin quiebros, solo tú.
Y ahora, siquiera nadie, sin mi,
lejos sin haberme ido, pero lejos,
olvidado sin recordarme, sin mi,
ya no me duele, de ti, ni de mi.
