Femme

Ella, lo que se dice un alma fous, te puede llevar a recorrer algo más que la simple osadía de vivir.
La puedes encontrar, un momento, fija y quizá perdida en una querencia absurda, pero no por ello habría que lastimarse y padecer alguna suerte de simpatía, no parece que sea ese el deseo cuando en efecto se pierde en ti, y te absorbe.
Ella no es de esas, las que te devuelven una imagen copiada de lo queda vivo en ti cuando te miran, ni de las que no aprueban tus errores mientras evades promesas y equivocas gestos, no, ella te permite fundir una pequeña muestra de la infamia en que te desenvuelves con la realidad que sus tacones maltratan.
Y te gusta, pero preocupa reconocerlo y más aún adquirir la conciencia necesaria para admitirlo.
Esa indómita y brillante femme que se desenreda a tu lado envolviendo pecados en gloriosas conquistas al pudor mientras yaces, tan vencido como incrédulo, entre los pliegues de su risa y las curvas de su vientre.
Sabes, y lo sabe, mejor que nadie y mejor que nadie más lo sepa, pero no alardea, deja que objetes, finjas e incluso admitas que podría aniquilarte sin siquiera proponer una derrota cuando tú ya estás vencido.
Es simplemente mujer.